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#17 Enero / Febrero 2008
Año VII •  Número 17
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DOSSIER
El reverso de la fiesta
Por Mónica Torres
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Lo imposible
Diana Chorne
El amenazado, de J.L. Borges y La Tierra Baldía, de T. S. Eliot, enmarcan El Reverso de la Fiesta, de Mónica Torres.
Su tesis es que: "En nuestro tiempo, el psicoanálisis está verdaderamente amenazado por otra relación al goce que no es exactamente la que Lacan anticipó en su "Conferencia de Ginebra sobre el síntoma".
El texto parte de situar la amenaza, en una invención contemporánea, la depresión. La amenaza se revela doble: al sujeto en su singularidad y por lo tanto al psicoanálisis.

"De qué me servirán mis talismanes, el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes […] El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Jorge Luís Borges ‘El amenazado’."

"¿No sabes nada? ¿No recuerdas nada? […] ¿Estás vivo o no? ¿Es que no hay nada en tu cabeza?"
T. S. Eliot La tierra baldía.

Las bibliotecas sirven para estudiar los tipos clínicos. Pero como no hay sentido común de los síntomas, el analista tiene que referirse al universal de la clase, pero a la vez considerar el caso uno por uno.

En nuestro tiempo, el psicoanálisis está verdaderamente amenazado por otra relación al goce que no es exactamente la que Lacan anticipó en su "Conferencia de Ginebra sobre el síntoma".

El ejemplo que voy a tomar será el de la llamada depresión, precisamente para demostrar que la depresión no es un tipo clínico para el psicoanálisis.

¿Qué es un depresivo? El psicoanálisis sabe de la tristeza como pasión. La depresión, entonces, es una invención de nuestro tiempo que se sitúa contra el psicoanálisis.[1] Pero al decir de Jacques-Alain Miller también es suscitada por el psicoanálisis.

Decir "estoy deprimido" es una manera de situarse contra el psicoanálisis. Es un modo de plantarse contra el psicoanálisis al que adhieren tanto la sociología como la psiquiatría. Pero también es una forma de ubicarse contra un psicoanálisis del sujeto deprimido mismo.

En nuestro tiempo, tiempo de la fiesta permanente, cuando se trata de que nunca llegue el momento de the party is over, el sujeto intentando obturar todo vacío, toda falta, se entrega a la fiesta perpetua que la sociedad de consumo le ofrece y le organiza. Se trata del after del after del after que propone la fiesta interminable.[2]

El sujeto se ve empujado a gozar sin medida, a renegar de la separación del objeto. Es los que J.-A. Miller ha llamado "el ascenso al cenit social del objeto a".

Se trata de evitar el vacío, el resto, ese resto que resulta de la operación de separación que el sujeto deprimido no logra inscribir. Así, el ser hablante profundamente separado del Otro, pretende sin embargo no separarse de su objeto. Y el mercado le ofrece lo que sea para que su adicción al objeto sea ininterrumpida.

Pero esta ansia generalizada, esta ansiedad, es en verdad la otra cara de una tristeza cada vez más agravada.

El amor intelectualis dei que nos propone Spinoza no es la solución para el analista. Porque finalmente Spinoza plantea que nada falta y que no hay vacío. Mientras que el psicoanálisis funda su práctica y su ética en la aceptación del vacío. El analista sabe que hay un corte entre el sentido y el fuera de sentido que funciona como un vacío y en este vacío se aloja la tristeza, la melancolía, la dificultad de vivir.[3]

Cómo plantear el resguardo del vacío, que es lo que el psicoanálisis propone como solución singular al dolor de existir, cuando el mercado ofrece opciones continuas para que no se instale ninguna falta en una discontinuidad del goce que el consumo pretende enmascarar. La otra cara de ese hedonismo compulsivo, que se sitúa claramente más allá del principio del placer, es la depresión generalizada. Todos deprimidos.

En tiempo de la civilización del trauma, que es también la civilización de las vanidades variables, ¿habrá todavía algún espacio para el psicoanálisis?[4]

En la época de Freud, tal como él lo presenta en El malestar en la civilización, el superyó y su relación a la culpa están presentados como "cuanto más virtuosos más culpables" castigo y crimen.

Pero en nuestro tiempo se trata de una época de criminales sin culpa, porque nuestra sociedad lejos de prohibir el goce, lo estimula. Ordena gozar. Por consiguiente de lo que se siente ahora culpable el sujeto es de no poder gozar del todo.

El anoréxico que pretende comer nada, el bulímico que quiere comer todo, el toxicómano que intenta obturar la falta con narcóticos, el trasgresor que pide siempre un más de goce, son tipos clínicos de nuestra contemporaneidad que aspiran a evitar la separación. Como Heidegger lo ha señalado, entre el aburrimiento y la angustia, nos queda el temple. Podemos afirmar que los así llamados "depresivos" son sujetos sin temple.

¿Qué analista no oye varias veces por día en su consultorio, en el hospital, en los centros de atención, la palabra clave, la definición generalizada con la que el sujeto se presenta: "estoy deprimido". Expresión que, de tan repetida, ya no quiere decir absolutamente nada.

El sujeto ha cedido en su deseo a favor del goce y en el punto en que la fiesta perpetua se detiene, experimenta lo que él llama depresión.

El sujeto contemporáneo está desorientado, desanudado de los significantes provenientes del campo del Otro, de un otro singular para cada sujeto, está arrojado a un goce hedonista que el Otro social le propone. Un goce que es para cualquiera, un goce prêt-à-porter, que se supone que el sujeto puede elegir a su medida. Pero él no gobierna esa elección. Ya que no se trata del modo de goce singular con el que cada uno tiene que inventar su saber hacer.

La continuidad de goce que el imperativo social le demanda se opone a las rupturas de su historia singular, al terrorismo agazapado que amenaza sin cesar a las ciudades que más contundentemente han garantizado ese acceso al goce para todos.

Y con el puente de Londres que T.S. Eliot nos recuerda al rememorar la canción infantil "London Bridge is folling down, folling down", también se han caído ahora las Torres Gemelas, y todo esto mientras nos proponen a la vez el paraíso ahora.[5]

Está tan lejos el paraíso ahora que el terrorismo propone a sus suicidas fanáticos religiosos como el paraíso que los medios de comunicación imponen a nuestros ojos y a nuestros oídos. Los sujetos desorientados, culpables siempre de no gozar del todo, se encuentran en su hora 25, con su responsabilidad de goce. Pero no están a la altura de asumirla, porque han perdido la brújula del deseo.

La tristeza del depresivo no es la angustia como afecto frente a un real inasimilable. Tampoco llega a ser un síntoma. Es un estado del alma que es compatible con diferentes estructuras clínicas. [6]

La depresión tampoco coincide necesariamente con la melancolía. La palabra depresión, generalizada y poco precisa, puede nombrarlo todo: la insatisfacción histérica, el deseo imposible deseo obsesivo, el deber de hacer gozar al Otro del perverso o la melancolía psicótica. Pero también, en términos más sociológicos, es el suicidio de las Amas de casa desesperadas, modestas Madame Bovary de nuestro tiempo, es la continuidad de la serie de televisión inglesa "East Ender" que no se detiene desde 1985, como un verdadero Truman Show continuo, que nos promete un mundo asegurado por el aparato de televisión de aquí a la eternidad.[7]

El depresivo ha perdido los colores de las pasiones[8]. Quiere del analista también una solución prêt-à-porter, lista para llevar y ya. Se ha quedado solo, completamente solo y entregado, sin S1 que lo avergüence, que sostenga su dignidad y su honor. Sin embargo, el psicoanálisis no propone una versión moderna del Apocalipsis. Quiere más que nunca, librar su batalla a favor del deseo, y no solo para cada uno, sino para el malestar en la cultura de su tiempo. Apuesta a un goce compatible con la vida, a un deseo que no sea anónimo.

¿Está la depresión generalizada, reverso de la fiesta perpetua, a la altura de las pasiones dantescas de las que nos habla Francois Regnault?

Conocemos las discusiones entre filósofos, acerca de si puede equipararse la tristeza a la acedia y deslizarse ambas hacia la melancolía o la pereza. Y la otra interpretación en la que el acidioso tiene el valor de actuar esa potencia de no.

Si nuestros depresivos actuales alcanzan el valor de esas pasiones, es solo verificable caso por caso. Proponemos que el depresivo se atreva a habitar un mundo que a la vez lo aleje de la tristeza y de la fiesta eternizada. El psicoanálisis invita a atreverse a habitar en un mundo vivible, que incluya la experiencia de la pérdida y del vacío. Se trata de no intentar deshacerse ni de la pérdida ni del dolor, ni del vacío. Aceptar con temple habitar la lengua.

En términos de Eric Laurent el realismo del goce puede tener en cuenta el nominalismo del bien decir.

Y el amenazado acepta así el amor, el dolor y todavía, aún las bibliotecas. No hay significante sin goce y no hay existencias sin dolor ni vacío.

El psicoanalista se propone para asegurar el camino que incluya el vacío imposible de soslayar.

La farmacología pretende obturar ese vacío impidiendo el real que se desprende de la relación del sujeto con su cuerpo.

La sociología ofrece su propio diagnóstico, del que también nos servimos.

Hay una correlación histórica entre lo trágico y la fiesta.

La antropología ha demostrado que esa relación entre lo trágico y la fiesta incluye como partícipe necesario a la muerte misma. [9]

El individuo descripto por la sociología responde a la segregación con el refugio en las tribus, que aseguran una pertenencia efímera pero intensa.

Pero la otra cara de ese supuesto refugio es lo que Maffesoli ha llamado "La parte del diablo".[10]

Pero los analistas sabemos desde Freud que el diablo está en nosotros, que la fiesta se acompaña con la pulsión de muerte, que Hobbes nos anticipa que el hombre es el lobo del hombre.

En la madrugada, a la hora del lobo, el sujeto amenazado después de la fiesta se queda sin recursos.

¿Puede el psicoanálisis ofrecer otra solución?

Es el desafío de nuestro tiempo. Sostener el uno por uno, allí donde esto parece imposible.

Ofrecerle al sujeto "deprimido" que encuentre su solución a la caída de las identificaciones, en tiempos en que el objeto viene a dominar los ideales y las identificaciones.

No nos quejamos de la civilización que nos toca habitar.

Si el sujeto puede aceptar su modo de goce singular a partir de los significantes amos que puede aislar en un psicoanálisis no va a necesitar los ideales comunes que le propone ya sea el mercado, ya sean las "tribus".

No tenemos una solución "para todos". Enfrentamos la época que J.-A. Miller ha caracterizado como de "problema-problema y no de "problema-solución".

El sujeto está mal preparado para enfrentar la tiranía del superyó de nuestra época. No tiene muchos significantes amos para orientarse.

La clínica contemporánea, que es la clínica del Otro que no existe, pone en evidencia nuevas modalidades de goce, síntomas que no se organizan alrededor del Nombre del Padre y que dejan al sujeto cada vez más desamarrado del lazo al Otro y librado a lo mortífero del goce pulsional.

El psicoanálisis propone su respuesta: se trata de sintomatizar el goce para hacerlo compatible con la vida.

Es nuestra respuesta no sólo para cada sujeto, si no también para el malestar en la civilización que nos toca atravesar.

Mónica Torres de psicoanalista, AME de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis).
Bibliografía
Lacan J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", en Intervenciones y textos II, Buenos Aires, Manantial, 1988.
Lacan J., Télévision, Autres Écrits, Paris, Seuil, Le champ freudienne, 2001.
Freud S., El malestar en la civilización, Obras Completas, Vol. XXI, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1976.
AA.VV. La depresión y el reverso de la psiquiatría, Buenos Aires, Paidós, 1977.
Vaschetto, E. (compilador), Depresiones y psicoanálisis, Buenos Aires, Grama ediciones, 2006.
Torres M., Clínica de las neurosis, Cuadernos del Instituto Clínico de Buenos Aires 10, 2005.
Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Nº 13 y 14, 2005, 2006.
Referencias en la Obra de Lacan Nº 34, Buenos Aires, Fundación del Campo Freudiano en la argentina, agosto 2006.
Laurent É., "Patologías de la identificación en los lazos sociales y familiares", Conferencia pronunciada en las XV Jornadas Anuales de la EOL, diciembre 2006, inédito.
Miller J.-A., "Una fantasía", Revista Lacaniana de psicoanálisis Nº 3, Buenos Aires, Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana, agosto 2005.
Notas
1- Regnault Francois, "Pasiones dantescas", Revista Virtualia nº 13, junio/julio 2005.
2- Naparstek Fabián, "La ciudad de la fiesta", texto presentado en la apertura de la XV Jornadas Anuales de la EOL, inédito.
3- Laurent Eric, "La erosión del sentido y la producción del vacío", Revista Enlaces nº 11, Buenos Aires, julio 2006.
4- Torres Mónica, "Vanidades variables", Revista Enlaces n 11, op.cit.
5- Eliot T.S., La tierra baldía, Madrid, Editorial Cátedra, 2005.
6- Negri María Inés, "La depresión, ¿un mal de nuestro tiempo?, inédito.
7- Barman Zygmunt, Amor líquido, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económico, 2003.
8- Bodei Remo y otros, Historias de las pasiones, Buenos Aires, Editorial Losada, 1998.
9- Maffesoli Michel, El tiempo de las tribus,México, Siglo XXI Editores, 2004.
10- Maffesoli Michel, La part du diable, Paris, Ed. Flammarion, 2002.
 
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