En el año 1994 en el curso dedicado a la lógica del pase titulado Donc, Jacques- Alain Miller comienza el mismo haciendo referencia a las distintas formas fenoménicas de entrada en análisis donde, subraya entre otras cosas, que ninguna entrada se parece a otra, no sin establecer que entre la entrada y la salida existen vasos comunicantes de tal forma que la concepción que se tenga del final condiciona la concepción de la entrada. A esta variedad empírica le opone una lógica universal, para todos, al sostener que siempre los análisis comienzan por la transferencia.
Es la reducción teórica de la variedad empírica.
Subrayar esta orientación sirve para recordar que es una exigencia considerar los desplazamientos axiomáticos que articulan la entrada hasta el final de la experiencia analítica, de tal forma que no hay entrada sin final.
Esta referencia es para enfatizar que si bien hay, como se constata, una variación empírica de las salidas, es de esperar que en el pase se verifiquen algunas coordenadas universales respecto de lo esperado de los finales, conforme a las variaciones axiomáticas vinculadas a los diferentes momentos tanto de los finales de análisis como del pase.
Así la evaluación del final fue desplazándose desde la construcción y el atravesamiento del fantasma, hasta el saber hacer con el síntoma.
En la actualidad nos encontramos, si seguimos las indicaciones de los últimos cursos de Jacques- Alain Miller, en el tiempo del pase sinthome.
Con la introducción del nudo borromeo se promueve al concepto de sinthome como un nuevo anudamiento de goce.
Esta descripción es una forma de presentar brevemente el work in progress en la elaboración del pase.
Aún en las distintas épocas señaladas y bajo coordenadas conceptuales que enfatizan uno u otro momento de la teoría, que lejos de anularse (recordemos que no hay progreso) tratan de ubicar de que manera los finales efectivos del análisis permiten constatar la modificación de la relación del sujeto respecto al Otro, como se produjo la resolución neurótica del síntoma, cual es el destino y el estatuto silencioso del goce, cómo se vive la pulsión luego del final, cómo pudo ponerse un punto de capitón al puro deseo de decir (tope al inconsciente transferencial), hasta considerar cómo el sujeto arribó a un saber hacer con el sinthome.
En el final de análisis es esperable, como se puede leer en el testimonio de Mauricio Tarrab, no solo que el sujeto haya podido aislar la ley a la que estaba condicionado, sino también es esperable la evidencia de cómo quedo abierto a la actualidad de una serie sin ley.
Esta conjunción, a mi juicio, transmite la relación entre el condicionamiento simbólico (tal como Lacan lo plantea en "El seminario sobre la Carta Robada" [1]), que permite encontrar como a partir de una serie arbitraria, sin ley, se puede deducir la ley que ordena dicha secuencia, que la condiciona, posibilitando así el pasaje de lo paradojal que resulta que una secuencia tenga una ley a partir de una que no la tiene. Este razonamiento permitirá ubicar lo imposible a partir del azar, permitirá ubicar lo real singular, permitirá preparar al sujeto para el encuentro con lo real sin ley.
Dicho de otra forma: de quedar el análisis en el primer registro lo haría interminable. Este tiempo es un paso necesario e inevitable para que el sujeto analizante pueda arribar a una vida abierta a la posibilidad de una serie sin ley, es decir abierto a la contingencia, pero provisto de nuevos recursos para hacerle frente.
Por lo tanto, un análisis que no contemple el punto de capitón corre el riesgo de perderse en la nebulosa ("hay que reconocer que esto es corto" dice Lacan en el Seminario 24 [2] refiriéndose al fin del análisis en el punto de saber hacer con el síntoma) y uno que considere solamente como objetivo el capitón del nombre del padre queda condenado a la religión.
Esta conjunción se transmite en el pase.
El pase siempre es un mirador hacia el fin que propone a través de los testimonios, una nueva forma de ficción que permite sacar a la experiencia del análisis de lo inefable pudiéndose así introducir algo nuevo en el universo del saber analítico.
Al final del análisis el síntoma, sostiene en su testimonio Xavier Esqué, es una especie de castración terapéutica donde cada fin es trabajado por el real que lo atraviesa.
En el pase se constata la imposibilidad de una estandarización de las formas conclusivas. Se constata la ausencia de un algoritmo del final.
Dicho de otra forma no hay estándar del acto analítico, como no hay estándar del pasaje de analizante a analista.
Recordar esto es para hacerse eco de una advertencia: "nada protege al procedimiento del pase de volverse también una ceremonia."[3] |