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Noviembre 2009 • Año VIII
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JORNADAS EOL
Entre síntoma y fantasma
Ennia Favret
XVI Jornadas Anuales
de la EOL

En este artículo, la autora se propone una lectura de algunos tramos de la enseñanza de Jacques Alain Miller acerca del binarismo "síntoma y fantasma". El interés particular que suscita este escrito radica, según lo expone Ennia Favret, en las conexiones particulares que pueden establecerse entre ambos polos.

XVIII Jornadas Anuales de la EOL¿Pueden trazarse algunas conexiones entre las satisfacciones y modalidades del fantasma y las producciones sintomáticas?

Qué hay en común entre síntoma y fantasma ha sido para mi una cuestión de interés, tanto en la dirección de la cura cuanto en la búsqueda del sostén epistémico.

El desarrollo que me propongo realizar se sostiene en las operaciones, "intervenciones" que J-A.Miller introduce en la enseñanza de Lacan.

I- Binario síntoma - fantasma
"Del síntoma al fantasma y retorno" (curso del año 1982/83) es el referente que tiene "Síntoma y fantasma", seminario dado en por J-A.Miller en Buenos Aires, centrado en la primera enseñanza de Lacan, donde, con su predilección por los binarios, acentúa las diferencias entre síntoma y fantasma, con una distinción que en ese momento considera "esencial" para la dirección de la cura.

Destaca en el síntoma la primacía de lo simbólico, su articulación significante, su importancia en la entrada en análisis y en el fantasma la fuerza de lo imaginario, la prevalencia del objeto y su atravesamiento jugándose al final.

Se refiere a la experiencia en la práctica analítica diciendo que el analizante habla de su síntoma para lamentarse, en cambio busca consuelo en el fantasma del que no habla, ya que la vergüenza lo hace permanecer inconfesable.

El síntoma es enigma, "opacidad subjetiva" a descifrar (a diferencia de "la opacidad del síntoma" presente en el título de nuestras próximas jornadas donde ya no hay nada a descifrar…) y el fantasma fundamental no es objeto de interpretación sino de construcción. Se trata de pasar de la selva fantasmática a su formalización con la posibilidad que, al final, el sujeto cambie su relación con él.

Hay un residuo de la operación analítica sobre el fantasma al que llama cara "real" del fantasma, "fantasma reducido" (como podemos leer en la p. 31 de "Síntoma y Fantasma"), inmodificable, "escritura de la fijación del sujeto por un objeto especial".

Nos presenta ese "a", como producto del discurso analítico, coincidente con la caída del Otro, es lo reducido, lo inmodificable (términos con los que solemos aludir también al síntoma).

Podemos ver la implicación del fantasma en el síntoma, cosa que ya es notable en el grafo entre s(A) -lugar del síntoma- y $ <> a -lugar del fantasma.

Volveré más adelante sobre este punto, a partir de las consideraciones que hace actualmente Miller en su curso "Cosas de finura".

II- Salida del binario
En un momento dado, Lacan deja de hablar del fantasma y con una nueva definición supera la dicotomía, forma un compuesto, comienza a hablar de sinthome y Miller se interroga acerca de qué lo lleva a salir de ese clivaje.

Ya en Los signos del goce (versión española del curso de 1986 "Lo que hace insignia") señala que Lacan ha introducido una renovación del concepto de síntoma al escribirlo como sinthome: con un solo trazo, sigma, escribe significante y goce, S1 + a, incluyendo las operaciones de alienación – separación (alienación por el significante amo y el "a" aislado como operación de separación).

El fantasma es construido al mismo tiempo que se interpreta el síntoma y de ese modo la pulsión enmascarada, interferida, por el fantasma se desenmascara con su atravesamiento (p. 251).

Logrando el aislamiento del objeto se desimaginariza el fantasma, reduciéndolo a la pulsión, y si además se define al síntoma como goce que resiste, la dicotomía fantasma –síntoma queda cuestionada y superada por un término tercero, sinthome, que incluye el goce que ambos tienen en común.

En las "3ras. Conferencias Brasileñas" ( publicadas en "El síntoma charlatán") Miller escribe el síntoma, en su ultima definición, en el medio del rombo del fantasma, como una mediación entre el sujeto y el goce a través de la significación del Otro

$ <> a
$ < s(A) > a

El goce es entonces lo que le permite superar el clivaje: extrayendo del fantasma y de la pulsión el concepto de goce, introduce la novedad que lo conducirá al sinthome, goce opaco, ya no goce del sentido sino el fuera de.

Ese goce opaco que no cambiará, solo puede ser encarnado (tal como lo ha encarnado Joyce), plus perturbador y doloroso, irreductible, no condicionado por el lenguaje sino por lalangue.

III- Nuevas intervenciones
¿Qué agrega o cuestiona el actual curso "Cosas de finura" (2008/ 9) a sus "intervenciones" de los años ochenta?

Destaco tres puntos:

1. "el punto exquisito del fantasma"
Miller sigue afirmando que el fantasma es una pequeña historia que se rodea de silencio, que hay dificultad para su confesión y que "representa un punto exquisito", punto exquisito que Lacan extiende al síntoma cuando el síntoma es conceptualizado como condensador de goce (a <> J).
Se trata aquí de un goce no encapsulado, goce por todas partes, fondo de goce…como dice en El Seminario XX.

2. "la interpretación que hace explotar el fantasma"
El sujeto está encaramado en su fantasma y la fractura de éste lo destituye como sujeto y se pasa a hablar de parlêtre, "el pase del parlêtre no es la travesía del fantasma, es la elucidación de su goce", diferenciando la salida por atravesamiento de la salida por identificación al síntoma (clase 9).

En el curso actual Miller piensa el fantasma como una molécula de dos átomos: significante y goce y "la interpretación opera separando ambas"

Así como Lacan en "La Tercera" propone una interpretación que haga "reventar el síntoma" aquí Miller propone una que haga "explotar el fantasma".

Entiendo que la construcción es la operación que permite la formalización del fantasma pero es la interpretación la que opera su fractura.

Y no cualquier interpretación: "una interpretación que hace explotar la molécula del fantasma" dice Miller en la clase 17, e introduce el valor de la interpretación que se hace jaculación.

La interpretación como jaculación tiene su referencia en Lacan, en el seminario RSI, en la clase del 11 de febrero, donde da una vuelta sobre el efecto y el alcance de la interpretación analítica, y menciona a la jaculación como forma lograda de interpretación, aquella que anuda.

En la lectura de ese seminario J. C. Indart investigó el origen de la jaculación: es un término que en latín significa "lanzar", usado en la Edad Media para designar el lanzamiento, a caballo, de una especie de jabalina para hacerla caer en determinado lugar. De ahí pasó a ser usada como forma de elevar una plegaria y fue tomando un sentido religioso…donde lo importante es el fervor con que se lanza la oración. No se trata entonces de las palabras sino de cómo ellas son "lanzadas".

El valor de la interpretación como jaculación es entonces aquella interpretación eficaz que no tiene por finalidad la significación sino hacer resonar el goce, hacer "explotar la molécula del fantasma"

3- El fin como "acomodamiento"
J-A.Miller, con cierta gracia, se burla un poco de las maravillas que hemos esperado del fin de un análisis y propone una meta más modesta: obtener "arreglos", que el displacer del síntoma disminuya y se esté más confortable: "La satisfacción del fin no es un atravesamiento sino un acomodamiento". Acomodamiento que entiendo como "saber hacer", "saber desembrollarse".
No se trata entonces sólo del atravesamiento, fractura del fantasma con extracción de saber sobre el goce que deja siempre un grado de insatisfacción. Es un "acomodamiento" como encarnación del síntoma con satisfacción por una nueva relación con lo que no cambia.

IV- Construcción y fractura del fantasma, su relación con el síntoma y la satisfacción del final
Brevemente me serviré del testimonio que Antoni Vicens dio, aquí, en ocasión del último Congreso de la AMP y que llamó así: "Testimonio".

Define su síntoma como "síntoma obsesivo, una combinatoria de desprecio por el otro sexo, algunos sonidos articulados, algunas imágenes del entorno cultural y sobre todo, un gran esfuerzo por domesticar la mirada (…) querer mirar la muerte cara a cara "

El fantasma es presentado en su construcción y fractura.

Parte de lo que llama "El sueño de mi vida":

"Subo la escalera tras mi hermano mayor, pero luego lo adelanto, yo subo más aprisa. Al llamar a la puerta del final, ésta se hunde; en la oscuridad hay dos ojos brillantes. Aterrorizado me arrojo por el ojo de la escalera" Despierto.

"La mirada del Otro causa mi división…", "¿eso es todo?", se pregunta, ya que saberlo no le evita volver a precipitarse en lo que él llama su "neurosis de fracaso".

Elabora el contexto edípico de esa mirada, dice: "era la mía, frente a la escena primitiva; (…) Y era también la mirada de un viejo, mi abuelo, escudriñando a través de una rendija transparente el goce de su primogénito.

No fue difícil desligar el mandato superyoico con el que lo indecible del objeto "a" se traducía al lenguaje. Quiero saber más que mi hermano, el sabio; por ello soy castigado a desaparecer por el agujero y las tinieblas.".

La construcción y la fractura están escandidas en 3 tiempos y señala en cada uno el efecto del análisis:

  1. "He visto algo que no debía ver; por ello no puedo decir lo que vi. El análisis me permitió levantar la prohibición y transformarla en obligación".
  2. "He visto algo que debo decir. Ello me abrió paso al cultivo del concepto, la posición de enseñante" ( en su familia varios ejercían la enseñanza)
  3. "No he visto ‘nada’. En efecto, nada había que ver tras la débil pantalla. ‘Nada’ era lo que hacia de mi madre una mujer, aquello que mi padre no sabia muy bien cómo tratar."

Concluye: es una "bella construcción que me llevó al desanudamiento de un análisis."

Fracturado el fantasma, el síntoma es presentado de esta manera:

"En las ultimas sesiones se presentó otro objeto, ocultado por la mirada fulgurante, esta vez sin sueño, es una deducción lógica: es el ‘Vete’, que una voz sin sonido profería desde el abismo"

Ubica esa repetición a la que llama "demoníaca" del "¡Vete!" como lo que dominaba su síntoma : "¡Vete de casa!"- "¡Vete a la guerra!"…"¡Vete!" "¡Vete!".

El viraje se produce al descubrir la ambigüedad "desatinada" que encerraba el imperativo: el "¡Vete!" era siempre un "No te vayas" surgido de una demanda incapaz de transmutarse en el amor que hace que una vida merezca su muerte. De aquella ambigüedad surgía la mortificación de todo amor y toda esperanza".

En lo que llama "un nuevo pacto con la vida", "un nuevo síntoma", el analizante dice: "ya no necesito la destrucción (…) por el pensamiento para amar la vida, la vida porta la destrucción, la vida, ella misma".

Como el análisis se desarrollaba en francés "ella misma" sonó "ella me ama".

Finaliza su testimonio: "‘La vida me ama’ es una frase absurda, delirante. Yo la acepté como salida". "La ironía del mensaje me confirmaba el desanudamiento de la obsesión tenaz y mi existencia se aligeraba".

Modo precioso y preciso de dar cuenta de la construcción y fractura de su fantasma fundamental, la relación con el síntoma y la satisfacción en una nueva posición vivificante.

 
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