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Marzo 2010 • Año IX
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Número especial
PINTURA
Pintar el síntoma
Mónica Biaggio [*]
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"Lo propio de las obras de arte es justamente
que ellas demandan ser tratadas,
en singular, una por una y no juntas,
en una producción homogénea"[1]
Podemos pensar que de este modo el analista que deviene tal por el recorrido de un análisis, se hace artista. Decir esto no agota de ningún modo esa nominación, sino más bien que la misma es a condición de preservar el vacío como condición del acto.

Invención o creación, el síntoma, el de cada uno, viene al lugar de la no relación sexual. El objeto a-rtístico, para decirlo en términos de Octavio Paz[2] se trata de un objeto que surge a partir del vacío, que se soporta de la castración[3]. Desde esta perspectiva, entonces, podemos ubicar en la obra de arte: el síntoma y el objeto a-rtístico. Ambos son producto del saber hacer con el vacío, ya sea por medio de un análisis o por el acto artístico.

Podemos pensar que de este modo el analista que deviene tal por el recorrido de un análisis, se hace artista. Decir esto no agota de ningún modo esa nominación, sino más bien que la misma es a condición de preservar el vacío como condición del acto.

Ahora bien, lo que me interesa subrayar es que es posible leer el síntoma al nivel de la obra de arte, si entendemos que el síntoma es lo que queda de lo que fue para cada uno la tragedia de la no relación sexual. En esta nueva elaboración, de la mano del análisis, hay creación, hay obra de arte. Porque el síntoma como la obra de arte viene al lugar del agujero originario; en este sentido podemos pensar que si bien la obra de arte responde a un singular siempre inédito, esto no excluye el servirse de… para crear.

Así por ejemplo, el cubismo, tiene como antecedente desde las experiencias de Cézanne, que reducía las formas de la naturaleza a formas geométricas, hasta la frontalidad egipcia, pasando por las nuevas teorías acerca del espacio-tiempo que tenían la visión plural de los objetos, distinta a la visión tradicional fundamentada en un único punto de vista. En esta invención, entonces, hay algo que estaba desde antes y algo que se suma, transformando, cambiando lo anterior.

Siguiendo a Eric Laurent, y haciendo un paralelismo con la situación analítica, podemos decir que no hay reducción respecto de una inscripción en el saber previo, sino que hay una inscripción nueva, dado que se trata de la incidencia memorable respecto de lo establecido y lo nuevo[4].

Mónica BiaggioEs que no hay un universal que pueda decir "qué es una obra de arte", como tampoco "qué es un síntoma". Tanto el síntoma como la obra de arte se comportan, como lo que está por fuera, de un conjunto siempre infinito que viene a nombrarlo.

Desde esta perspectiva, tanto el arte como el síntoma, nos muestran aquello que resulta extranjero respecto de lo normativo. El artista, —que prefiero nombrar como a–rtista— tiene, como el a-nalista, un lugar de extimidad, siendo una obra de arte lo que ocupa "una función mayor de transmisión"[5]

Por lo tanto y dado que en el contexto actual del Debate de la Escuela Una, me invitaron, desde Virtualia, a presentar un trabajo testimonial sobre mi relación al arte y al psicoanálisis, acepté teniendo en cuenta la perspectiva de la ética de la generosidad propuesta por Eric Laurent[6] y desde mi posición analizante. Desde este momento de comprender, creo que es hora de tomar la palabra, inspirada en la ley hegeliana del corazón, para decirlo en los términos de J.-A. Miller[7].

"Lo que hace insignia"[8]
De familia de artistas; el arte quedaba anudado a la locura. Dibujar: una actividad que se inicio desde los primeros años. Dibujaba con exageración todo aquello que era pathético, lo que otorgaba la aprobación risueña de los mayores primero y de los pares en los distintos momentos de la vida escolar y social…"el humor es el tránsfuga en lo cómico de la función misma del superyó"[9].

Con el arte atravesé los años de la adolescencia y los reales que marcaron mi vida. El psicoanálisis de la mano de Freud ya se había presentado, sin embargo era necesario esperar.

"El rasgo unario nos interesa porque, como Freud lo subraya, no tiene especialmente que ver con una persona amada. Una persona puede ser indiferente y sin embargo, uno de sus rasgos será elegido como constituyendo la base de una identificación"[10]

Como el abuelo materno había elegido la carrera de maestra, en este caso maestra nacional de artes visuales. Conservaba una foto de él dando clases y en el fondo un pizarrón con la palabra "Escuela". Versión del padre muerto en tanto simbólico, frente al cual los hijos tenían el poder de la palabra. El tío materno, cuyo nombre era el mismo que el de su padre, había sido un eximio dibujante: ¡un maestro!

Bajo la égida de esta marca emblemática había elegido a su analista. Así el nombre de Oscar Masotta y su presencia, a través de la trasmisión de su enseñanza de la mano de quien fuera su discípula, le abrió la puerta al mundo del psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, a sus maestros, y a la Escuela de la Orientación lacaniana desde su fundación.

En la escuela primaria y para risa de las maestras, había dibujado un Sarmiento bebe en su cuna y una frase: "Sarmiento desde muy pequeño quería fundar Escuelas".

"La identificación con el síntoma se reduce a un rasgo. Lacan hizo del padre (….) una reducción al rasgo, del padre al nombre (…) el síntoma se vuelve nombre, precisamente porque éste último reúne los intereses de goce del sujeto"[11]

Devino, entonces, la construcción de la versión del padre ligada al rasgo que produjo el juicio final. Un sueño: la mano de un cadáver ─similar al "Dedos" de Los locos Adams─, que se divisaba a lo lejos, en un "campo", hacia el cual se dirigía, le decía adiós saludando amablemente con un pañuelo.

La construcción del nudo edipo-castración fue en torno a la segunda generación de la línea materna, siendo esto una invención que de la mano del psicoanálisis dio lugar a la separación de lo que había sido un estrago. Hacia ya quince años que no pintaba; dejo de pintar cuando comienzo la Facultad de Psicología y no lo hice durante muchos de los años subsiguientes luego de recibida.

Pintar el síntoma
Recortado el objeto de la fijación pulsional, el S1 aislado dio soporte al síntoma.

De familia de artistas; el arte quedaba anudado a la locura. Dibujar: una actividad que se inicio desde los primeros años. Dibujaba con exageración todo aquello que era pathético, lo que otorgaba la aprobación risueña de los mayores primero y de los pares en los distintos momentos de la vida escolar y social...

"Lo que caracteriza a S1 solo es que es captado fuera de los efectos de sentido, o sea, como letra. Lacan formula entonces que, desde este punto de vista, S1 es homólogo al objeto a"[12]

La niña había señalado la imagen de un Cristo diciendo "¡Líos!". Del Otro, el ordenamiento simbólico: ¡Dios! Otra versión del padre.

Los líos estarán articulados en relación al padre y al nombre; siendo que un nombre se hace sin referencia. Dejar de buscar la legalidad de su nombre en el origen de sus orígenes, le permitió adoptar su propio nombre como nombre propio separado de su novela familiar.

J.-A. Miller en Los signos del goce, ubica dos vertientes del S1: una ligada a la representación, que responde a la lógica de la cadena simbólica, S1…S2 y otra ligada al síntoma en tanto se trata de lo real en lo simbólico.

    R (S1…S2)
   
S1    
   
    Σ (Síntoma – letra: proveniente de lalengua)

En la vertiente del síntoma es posible ubicar el S1 solo, que en tanto letra proviene de lalengua. Es por ello que J.-A. Miller nos dice que la función del padre se preservará como homogénea e incluso idéntica a la función del síntoma[13].

Dios R: maestro como marca emblemática
__________________________________
Líos Σ: marca de lo real en lo simbólico como lo irreductible[14]

Es a partir de la intervención del Otro que los líos de lalengua caen bajo la barra siendo sustituidos por el significante: Dios, en tanto marca emblemática, S1: maestro. En este caso y siguiendo el matema de J.-A. Miller, la vertiente ligada a la representación, es decir, a lo simbólico, se presenta en el análisis en la cadena asociativa vinculada a todas las versiones del significante maestro ligado a lo que funcionó como Ideal del yo. En cuanto a la vertiente del síntoma que se desprende del S1 tiene su soporte en los líos de lalengua: punto irreductible del síntoma con el que podrá eventualmente saber hacer sirviéndose del nuevo anudamiento arte-psicoanálisis que vino al lugar del nudo edipo-castración de los orígenes de la novela familiar.

Por lo tanto el síntoma funciona como un nudo siempre singular, en el que el parlêtre podrá saber hacer con lo que escapo al anudamiento de R.S.I.

Es en este sentido que creo que es posible leer lo que dice Lacan respecto de que con el psicoanálisis es posible cambiar el pasado; lo que nos deja, en una posición de apertura a los tiempos por venir en relación al psicoanálisis y en relación a la vida.

 
Notas
* Mónica Biaggio es miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
1- Wajcman, G; "El arte, el psicoanálisis, el siglo" en: LACAN, el escrito, la imagen, Ediciones del Cifrado, Bs.As, 2003.
2- Paz, O; …Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp, Alianza Forma/Era, Madrid, 1994.
3- Miller, J.-A; "Siete observaciones de J.-A.Miller sobre la creación", en: Malentendido Nº5, Bs.As, Mayo 1989.
4- Laurent, E; "El analista memorioso y la prisa", Seminario de las X Jornadas anuales de la EOL Incidencias memorables en la cura analítica, EOL-Paidós, Bs.As, 2003.
5- Wajcman, G; "El arte, el psicoanálisis, el siglo" en: LACAN, el escrito, la imagen, op.cit, pág.I.
6- Laurent, E; Boletín AMP 2010, Numero 1, 15/12/2009.
7- J.-A.Miller, El Debate de la Escuela Una (III), 22 de enero de 2010.
8- Parafraseando el título del seminario de J.-A. Miller.
9- Lacan, J., "Kant con Sade" en Escritos 2, Siglo veintiuno, Bs. As., 2002, pág. 731.
10- Lacan, J., L’Insu, Clase del 16/11/76 "Las identificaciones", inédito.
11- Laurent E., "Síntoma y nombre propio", en: Síntoma y Nominación, pág.102 y 104.
12- Miller, J.-A; Los signos del goce, Paidós, Bs.As.1998, pág. 344.
13- Miller, J.-A; Los signos del goce, op.cit, pág.365.
14- Tarrab, M. Primer testimonio como AE. En la EOL ,Buenos Aires 25/4/06 y en el IV Congreso de la AMP en Roma 15/7/06.
Bibliografía
Lacan, J., "Kant con Sade" en Escritos 2, Siglo veintiuno, Bs. As., 2002.
Lacan, J., L’Insu, Clase del 16/11/76 "Las identificaciones", inédito.
Lacan, J; Seminario 18 "De un discurso que no fuese del semblante", 1971, inédito.
Lacan, J; Seminario 22 "R.S.I", 1974-1975, inédito.
Lacan, J; El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Bs.As, 2006.
Miller, J.-A; "Siete observaciones sobre la creación", en: Malentendido Nº5, Bs.As, Mayo 1989.
Miller, J.-A; Los signos del goce, Paidós, Bs.As, 1998.
Miller, J.-A; De la naturaleza de los semblantes, Paidós, Bs.As, 2002.
Miller, J.-A. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Bs.As.2003.
Miller, J.-A; Introducción a la Clínica Lacaniana, ELP, Barcelona, 2006.
Miller, J.-A; El Debate de la Escuela Una (III), 22 de enero de 2010.
Laurent, E; Las paradojas de la identificación, Eol-Paidós, Bs,As, 1999.
Laurent, E; "El analista memorioso y la prisa", Seminario de las X Jornadas anuales de la EOL Incidencias memorables en la cura analítica, Eol-Paidós, Bs.As,2003.
Laurent, E; Boletín AMP 2010, Numero 1, 15/12/2009.
Laurent E., Síntoma y Nominación,
Laurent, E.: El Tao del psicoanálisis. El Caldero de la Escuela nº 74. Ed. EOL. Bs. As., nov.-dic. 1999.
Torres, M; De los síntomas al síntoma, Cuadernos del Icba Nº1, Instituto del Campo Freudiano, Bs.As, 1999.
Torres, M; Fracaso del inconsciente, amor al síntoma, Grama, Bs.As, 2008.
Wajcman, G; "El arte, el psicoanálisis, el siglo" en: LACAN, el escrito, la imagen, Ediciones del Cifrado, Bs.As, 2003.
Tarrab, M. Primer testimonio como AE. En la EOL ,Buenos Aires 25/4/06 y en el IV Congreso de la AMP en Roma 15/7/06.
Autores Varios, Las tres estéticas de Lacan (psicoanálisis y arte), Del cifrado, Bs.As, 2006.
Paz, O; Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp, Alianza Forma/Era, Madrid, 1994.
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