Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
ARTE Y PSICOANÁLISIS
Ana Mendieta, un escabel hecho de cuerpo y tierra [*]
Beatriz García Moreno (NEL)
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Ana Mendieta, a través de sus obras hechas con su cuerpo y con la tierra, construyó un ego y un escabel desde donde se ofrece para ser mirada. Su cuerpo rebelde que explota en sangre, se recompone en agua y barro mientras se mimetiza con la tierra y se convierte en mancha atrapa miradas, en silueta que enforma a manera de litoral, en agujero donde se avisora el enigma de la ausencia sin límite.

Mendieta, A., Siluetas, 1980.

Ana Mendieta nació en Cuba en 1948 y estuvo exiliada en Estados Unidos entre 1961 y 1985 cuando murió de manera trágica. [1] Su salida forzada de Cuba en tiempos de la revolución, y su vida en el nuevo país desde la edad de 12 años, parecieron someter su imagen especular a la confrontación con la falta de forma, con el vacío en el que se desdibujan ideales e identificaciones previas. Su padre fue acusado de traidor por el régimen cubano, y su nueva vida –de orfanato en orfanato– le mereció ser nombrada despectivamente como "mujer de color". La falta de arraigo y la extrañeza de la situación, fueron acicate para trabajar con su cuerpo informe en una búsqueda incesante de imágenes-escritura que le dieran contorno y la reintegraran a un territorio perdido. Su desempeño como artista del performance, de la escultura, de la fotografía y del video arte, se convirtió en camino para la reconstrucción de su ego y en posibilidad de inventarse su pedestal-escabel.

Lacan se refiere al ego como un modo de hacerse un cuerpo, y al escabel como un pedestal desde el cual el ego se presenta al mundo para atraer las miradas. [2] Miller profundiza en el concepto y sitúa al ego en una etapa previa a la imagen especular, y al escabel como ese pedestal donde se sube el ego para ser mirado, al modo de sublimación. [3] El cuerpo-ego trae al frente opacidades más allá del narcisismo; ya no es el cuerpo-imagen el que comanda sino el cuerpo-pulsiones el que se impone. [4]

Mendieta, A., Siluetas, 1980.

En ese camino, la obra de Ana Mendieta se ofrece como vía para encontrarse con un cuerpo que a la vez que irrumpe, estalla, se le escapa, mientras trata de atraparlo, de situarlo, de darle forma. "En el Medio Oeste, la gente me miraba como un ser erótico (el mito de la latina ardiente), agresivo y en cierta manera, diabólico. Esto creó en mí una actitud muy rebelde, hasta que, por así decir, explotó dentro de mí y yo cobré conciencia de mi ser, de mi existencia como un ser particular y singular. Este descubrimiento fue una forma de verme a mí misma separada de otros, sola". [5]

En sus performances y particularmente en sus body-earth, que toman como material de la obra, su cuerpo de goce y la tierra que descubre en sus acercamientos a las culturas precolombinas de México y a la cultura Taina de Cuba, se revela en un cuerpo desnudo que se descompone en sangre o se baña en un barro al que lo confunde de manera mimética con la tierra, convirtiéndose ella misma en mancha, [6] en parte de un cuadro que se ofrece para ser mirado más allá de las discriminaciones racistas y falocéntricas.

Su serie "Siluetas" da cuenta de la repetición incesante de acciones que buscan capturar una forma que se escapa, atrapar los bordes de su cuerpo informe con una línea a la manera de cuerda que dibuja su proyección sobre la tierra. El cuerpo-sustancia-gozante le sirve de guía para ese trazo efímero que la desgarra, en un intento por dejar una marca, por establecer un litoral [7] y crearse un territorio en el que desaparezca y a la vez no pueda desprenderse. Sobre la tierra dibuja esa línea de borde que le permite excavar un agujero que se presta a juegos de presencia y ausencia. Ausencia que a veces llena con vegetales, con tierra, con sangre, con su propio cuerpo que en sus performances se acomoda a la manera de falo que penetra e intenta taponarlo, o a la manera de cuerpo que se entierra; pero que, por más que quiera llenarlo, su presencia enfatiza el agujero infinito y hace manifiesta la ausencia.

Mendieta, A., Siluetas, 1980.

Los bordes de su cuerpo se reinventan en una línea que da cuenta de su goce, de un litoral que la enforma, y permite enmarcarla en una superficie, en una continuidad dibujada que se precipita en infinidad de suposiciones, de elucubraciones al modo de ficciones que pretenden dar sentido a lo sucedido. Sus talladuras en roca, excavadas en la Cueva del Águila en el Parque Jaruco cerca de La Habana, son una serie de obras rupestres que dibujan el contorno de cuerpos femeninos que invocan figuras mitológicas de las cultura Taina: la de madre de las aguas, la de los vientos, como queriendo confundirse con un origen lejano, mítico.

Su muerte, ocurrida en 1985 en hechos confusos, cuando cae desde un elevado piso en Manhattan, deja sobre el pavimento una última silueta y abre el boquete de una ausencia ya prefigurada.

Ana Mendieta se esparce en la serie de Pictogramas que se desprenden de su cuerpo, en escrituras que constatan su condición de goce, en caligrafías que delimitan un vacío que no admite palabras. Sus siluetas se ponen al frente como mirada expuesta a la mirada, como sacrificio que se ofrece a una madre ausente, a un origen que se inventa en la tierra que la atrapa. A partir de su obra hecha de cuerpo y tierra, encuentra un modo de hacer con el goce que irrumpe en su cuerpo, primero en tono de rebeldía, pero luego en busca de algo que lo enforme, y así construyó un ego y un escabel desde donde se ofrece al mundo para ser mirada y descifrada.

NOTAS

* Trabajo presentado en el X Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, "El cuerpo hablante", 25 al 28 de abril de 2016.

  1. Sobre Ana Mendieta ver: Avendaño Santana, L. E., Ana Mendieta, trazas de cuerpo-huellas que obliteran improntas, consultado en: www.artglobalizationinterculturality.com, y Blocker, J., Tierra, Cordero, K. y Sáenz, I., Crítica Feminista en la Teoría e Historia del Arte, Universidad Iberoamericana, México, 2007, pp. 37-400.
  2. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2006, pp. 147, 149 y163; y Lacan, J., Joyce el Síntoma. Paidós, Bs. As., 2012, pp. 591-597.
  3. Miller, J.-A., "Notas paso a paso", en Lacan, J. El Seminario, Libro 23, El Sinthome, op. cit., pp. 203-206; y Miller, J.-A., Piezas Sueltas, Paidós, Bs. As., 2013, pp. 77-95.
  4. Laurent, E., "Más allá del narcicismo", en Miller, J.-A., El lugar y el lazo, Paidós, Bs. As., 2013, pp. 59-80.
  5. Texto inédito de Ana Mendieta recogido por Lynda Avendaño en Merewether CH., 1996, p.101. Avendaño Santana, L. E., Ibíd., p. 2.
  6. Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Bs. As., 2006, pp. 106, 112-122.
  7. Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no sea del semblante, Paidós, Bs. As., 2009, pp. 105-118, y Lacan, J., "Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11". Otros escritos, Paidós, Bs. As., pp. 599-602.

[Imágenes tomadas de Google.]

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