Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
CUERPOS
Fanatismos locales. Eva, una mujer eterna [*]
Cecilia Fasano
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Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda.
Una diosa, y desnuda, y muerta.
Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo…
Rodolfo Walsh, Esa mujer

Árbol de la vida IV
Técnica mixta
170x120 cm | 1990

Peregrinaje de un cuerpo

Esa mujer fue amada, odiada, admirada y maldecida hasta el hastío. Su cuerpo fue embalsamado y el funeral filmado por Edward Cronjager, camarógrafo de 20th Century Fox. Será el Dr. Pedro Ara, el embalsamador español, quien se ocupara durante tres años de cuidar con extrema meticulosidad a ese cuerpo, al que plastificó y trató con diferentes substancias químicas, resinas y bálsamos.

Durante la dictadura militar que derrocó al presidente Perón en 1955, un operativo al mando del Teniente Coronel Eugenio Moori Koenig –del Servicio de Inteligencia del Ejército– secuestró el cuerpo de Eva, dando inicio a un itinerario funesto y perverso. Moori Koenig, apodado "El rey de la ciénaga", desobedeciendo la orden de dar cristiana sepultura, ocultó el cuerpo de Eva en diferentes lugares; sin embargo y a pesar del hermetismo, la resistencia peronista parecía seguir la pista del cadáver dejando velas y flores a su paso. [1] Finalmente, Koenig pretendió llevar el cuerpo a su casa, pero la oposición de su esposa fue contundente. Así lo recordaba ella y su hija: "Papá lo iba a traer a nuestra casa, pero mamá se puso celosa". La esposa (interrumpe): "Y cuando lo quiso traer, yo dije no, en casa el cadáver no. Todo tiene un límite". [2]

Según relatan algunos testimonios, Koenig instaló el féretro con el cadáver de pie en su oficina. El historiador Felipe Pigna lo define como un fanático antiperonista, quien convirtió su odio en una necrófila obsesión que lo llevó a someter el cuerpo a insólitos derroteros. En abril de 1957 fue enterrado en el Cementerio Maggiore de Milán bajo un nombre falso. Y allí permaneció hasta septiembre de 1971 cuando el General Lanusse organiza el Operativo Retorno. El cuerpo de Eva fue entonces desenterrado de la tumba clandestina en Italia y devuelto a Perón en Madrid. No obstante faltarle un dedo que le fuera cortado intencionalmente y un ligero aplastamiento de la nariz, el cadáver se encontraba en buen estado.

En noviembre de 1974, la presidenta Estela Martínez de Perón trajo el cuerpo de Eva al país y lo ubicó en la quinta presidencial de Olivos. En 1976 la dictadura militar lo entregó a la familia Duarte, quien decidió que permanezca en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.

Las versiones se multiplicaron y el mito se expandió. Indudablemente se trató de un hecho que produjo un reguero de tinta y la literatura es infinita; escritores, poetas, periodistas y científicos utilizaron sus plumas para relatarlo. Tan sólo por nombrar algunos: Rodolfo Walsh, Leónidas Lamborghini, Néstor Perlongher, María Elena Walsh, Tomás Eloy Martínez, y la lista continúa.

 

Antecedentes y actualidad de una práctica

El embalsamamiento es una práctica cuyo objetivo es mantener la integridad de los cadáveres y preservarlos de la putrefacción. Los antecedentes se remontan al antiguo Egipto y también lo encontramos en territorio Inca (Perú). Jacques Lacan se refiere tangencialmente al tema en dos ocasiones; al menos son las que pude situar y serán el puntapié para acercar alguna reflexión desde el campo del psicoanálisis. [3]

Primer referencia (1958): "Este momento de corte está asediado por la forma de un jirón sangriento: la libra de carne que paga la vida para hacer de él el significante de los significantes, como tal imposible de ser restituido al cuerpo imaginario; es el falo de Osiris embalsamado". [4]

Brevemente. El mito de Osiris –uno de los más importantes de la mitología egipcia– cuenta que Osiris fue asesinado por su hermano quien cortó su cuerpo en catorce pedazos esparciéndolos por todo Egipto. Su esposa recupera todos los miembros para embalsamarlo, excepto el viril. Lacan retoma ese mito para plantear que el falo como significante es imposible de ser restituido al cuerpo imaginario dado que está en el plano simbólico y eso es el cuerpo.

En términos lacanianos, podemos pensar que esa suerte de "botín de guerra" en que se convirtió el cuerpo de Eva, a pesar de sus detractores, no solo no han podido evitar que el mismo fuera tan valorado, "falicisado" si cabe la expresión, cual falo de Osiris, sino además que fuera elevado a la categoría de un precioso objeto agalmático.

Segunda referencia (1978): "Lo que hay de curioso, es que el hombre tiende a ser mortal. Él acapara la muerte. Aún cuando todos los seres vivientes están prometidos a la muerte, (…) Incluso hubo personas antiguamente que tomaron cuidado de perpetuar (…) haciendo momias. Me he informado con mi hija –porque en mi diccionario francés-griego no tenía 'momias'– y he aprendido que esa 'momia' se dice en griego así: «el cuerpo-esqueleto». Precisamente las momias son hechas para conservar la apariencia del cuerpo (l'apparence du corps)". (…) eso quiere decir «impedir de pudrir»." [5]

Por qué no pensar que en el cuerpo embalsamado de Eva, como en el poema Elena Bellamuerte de Macedonio Fernández, operó la transformación imaginaria, de un hecho irreversible. Y que el acto de embalsamar, como el poema, han sido un modo de soportar la muerte, por amor, claro, y por el deseo que la eterna Elena/Eva sea "la niña del fingido morir". [6] Y entonces, cobra interés la afirmación de Tomás Eloy Martínez: "El arte del embalsamador se parece al del biógrafo: los dos tratan de inmovilizar una vida o un cuerpo en la pose con que debe recordarlos la eternidad". [7]

Cabe preguntar ¿qué razón sostiene el acto de impedir que el cuerpo se pudra?, ¿qué atracción ejerce el cuerpo embalsamado, completo, eterno y aparentemente vivo aún muerto? Un referente actual, el escritor y psicoanalista francés Gérard Wajcman, nos ayuda a responder alguno de estos interrogantes.

Digamos, en primer lugar, que la plastinación de cadáveres, versión moderna de la antigua técnica de embalsamar, fue inventada por el artista y anatomista alemán Günter von Hagens (1977). Se trata de un procedimiento técnico de preservación que consiste en la extracción de los líquidos orgánicos de un cadáver y su reemplazo por una solución plástica endurecible, una suerte de resina epoxi o poliepóxido. Hagens realizó plastinaciones en un centenar de cadáveres, dando lugar posteriormente a una polémica muestra de arte llamada Bodies revealed (Cuerpos revelados) que consistió en la exposición de cadáveres plastinados y modelados en posiciones cotidianas, la cual contó con millones de espectadores en todo mundo.

G. Wajcman, en su artículo "El arte anatómico", [8] de algún modo denuncia la intención latente de ese procedimiento, al pretender que los muertos sean visibles y accesibles, desdibujando la frontera al extremo de confundir un cuerpo vivo y uno muerto. Sin rodeos Wajcman sentencia: "No hay deterioro: es la glorificación del desecho transformado en algo estético y en algo útil (…) los muertos vivos, muestran el cadáver que está en nosotros". Es la idea que Lacan pregonaba en una emisión radial en 1970, sin ceder una pizca a la exigencia de claridad de esa audiencia: "Por lo que se comprueba que para el cuerpo, es secundario que esté muerto o vivo. Quién no sabe el punto crítico del cual datamos en el hombre el ser hablante: la sepultura, es decir donde se afirma de una especie que al contrario de cualquier otra, el cuerpo muerto guarda lo que al viviente otorgaba el carácter: cuerpo [corps]. Cadáver [corpse] queda, no se torna carroña, el cuerpo que habitaba la palabra, que el lenguaje cadaveriza [corpsiifat]". [9]

Hay que decir que desde el surgimiento de los anatomistas, el cuerpo se ha convertido en objeto de estudio, tal como ilustra magníficamente la obra de Rembrandt con su clásica La lección de Anatomía del Dr. Tulp (1632) o Andrés Vesalio y su cadáver sobre la mesa de disección representado en su De humani corporis fabrica (1543).

 

Fanatismos

Por un lado, el fanatismo de Eva por Perón y su pueblo es explícito: "Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma". [10] "Los opositores dicen que esto es fanatismo, que yo soy fanática de Perón y del pueblo, que soy peligrosa porque soy demasiado sectaria y demasiado fanática con el General Perón y con los descamisados de la patria. Yo les contesto con Perón: el fanatismo es la sabiduría del espíritu. (...) el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo". [11]

Por otro lado: "… fanática, leal, desenfrenada" dirá de Eva, María Elena Walsh; mientras Leónidas Lamborghini elije la primera persona y poniéndose en la piel de Eva también dirá: "y de pronto yo fanática". Son muchas las voces, algunas entre la santidad y el demonio, otras entre el goce místico y el insurrecto, o entre la austeridad y el lujo, pero todas coinciden en situar ubicuamente esos fanatismos: los antiperonistas marcados por el odio, Koenig por su enfermiza pasión con el cadáver, y el Dr. Ara con su obstinado trabajo para inmortalizar el cuerpo de Eva. [12] Todos parecían decir como en el cuento de Rodolfo Walsh, Esa mujer es mía.

Cuando se presta la ocasión me gusta recordar que "Morir es una costumbre que sabe tener la gente", decía Borges, no obstante cuando el fanatismo se entromete en esa costumbre ocurren acontecimientos que afectan lo vivo en un cuerpo muerto.

 

Paréntesis conclusivo

Muerta Eva, el 26 de julio de 1952, se inició el delicadísimo trabajo del Dr. Pero Ara y con ello, el camino que podía encontrar ese cuerpo para eternizarse. El 17 de Octubre de 1952, a 82 días de su muerte, desde los balcones de la Casa Rosada, en Plaza de Mayo enlutado con crespones negros, el locutor oficial leerá fragmentos de Mi mensaje, el último escrito de Eva. –el mismo día en que se estrenará el documental del funeral: Y la Argentina detuvo su corazón– [13]: "… Pido a todos los obreros, a todos los humildes, a todos los descamisados, a todos los niños y a todos los ancianos de mi Patria que lo cuiden y lo acompañen a Perón como si fuese yo misma (…) Desearía también que (…) sigan escribiéndome como lo hacen en estos tiempos de mi vida y que el monumento que quiso levantar para mí, el Congreso de mi pueblo, recoja las esperanzas de todos y las convierta en realidad por medio de mi Fundación…". [14]

Cartas dirigidas a nombre de un cadáver, testamento leído en un balcón desierto y una muerte difundida por cámaras de Hollywood parecen testimoniar aquello que Lacan enseñaba en su Seminario: "El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene". Subrayemos aquí la importancia del término creencia: "En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia –consistencia mental, por supuesto, porque su cuerpo a cada rato levanta campamento". Y no sin ironía se compadecía afirmando: "En efecto, pobre de nosotros, solo tenemos idea de consistencia por lo que constituye una bolsa o un trapo. Esta es la primera idea que tenemos al respecto. Incluso al cuerpo lo sentimos como piel que retiene en su bolsa un montón de órganos". [15]

Finalmente, Lacan enuncia de modo contundente: "La adoración es la única relación que el parlêtre tiene con su cuerpo –más que cuando éste adora otro, otro cuerpo. Siempre es sospechoso, porque esto implica el mismo menosprecio". [16] Expresión compleja, que requiere ser desmenuzada, lo cual excede este comentario; no obstante digamos que la adoración del parlêtre con su cuerpo, es una afirmación del año 1976 que tiene su antecedente en la tesis del "Estadio del espejo" (1936) formulada cuatro década atrás, precisamente cuando advierte que el niño queda fascinado por su imagen reflejada en el espejo. Y aunque el parlêtre no es el niño del espejo y la segunda tesis no anula la primera, recordemos que es a partir del estadio del espejo que Lacan piensa la operación psíquica constitutiva del "yo" creando "un mundo ilusorio a partir del modelo de la unidad del cuerpo". [17]

Volviendo al nudo de este escrito, si el oficio de embalsamar consiste en quitar los órganos a esa piel que los envuelve, el resultado es que allí ya no hay un cuerpo, no obstante la paradoja del acto de embalsamar asoma con fuerza creando la ilusión que sí lo hay. Curioso modo de adorar un cuerpo, que solo puede comprenderse si se hace lugar al profundo amor de un pueblo por un cuerpo, que se hizo un nombre.

NOTAS

* Versión ampliada del trabajo presentado en la II Jornada EOL -Sección La Plata, "El cuerpo y sus fanatismos", realizadas el 31 de octubre de 2015.

  1. Ver Pigna, F., "Secuestro y desaparición del cadáver de Eva Perón", consultado en: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/revolucion_libertadora/secuestro_y_desaparicion_del_cadaver_de_eva_peron.php
  2. Testimonio de María y Susana Moori Koenig en el documental Evita, dirigido por Roberto Pistarini para la RAI, 1995.
  3. Miras, E., Ver "El cuerpo de una mujer, lo sagrado y lo sacrílego", consultado en: http://www.descartes.org.ar/jor2008miras.htm
  4. Lacan, J., Escritos 2, "La dirección de la cura…", Siglo veintiuno, Buenos Aires, 1987, pp. 609-610.
  5. Lacan, J., Seminario 25, "El momento de concluir", Clase del 17 de Enero de 1978, inédito.
  6. García, G., ver al respecto, Macedonio Fernández, la Escritura en Objeto, Siglo XXI, Bs. As., 1975; 2a Ed, Adriana Hidalgo, Bs. As., 2000.
  7. Martínez, T. E., Santa Evita, Planeta, Bs. As., 1995, p. 66.
  8. Wajcman, G., "El arte anatómico", en Elucidación 1, Atuel/Anáfora, Bs. As., 2003, p. 102.
  9. Lacan, J., Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión (1970), Anagrama, Traducción y notas de Oscar Masotta y Orlando Gimeno-Grendi, p. 19.
  10. Perón, E., Mi mensaje, Cap.:"Mi voluntad suprema", del Mundo, Bs. As., 1987.
  11. Perón, E., Discurso en el acto organizado por la Comisión Auxiliar Femenina de la Confederación General del Trabajo (CGT) en el Teatro Colón, 16 de Diciembre de 1949.
  12. Ara, P., Eva Perón. La verdadera historia contada por el médico que preservó su cuerpo, Sudamericana, 1996.
  13. Cortometraje documental argentino dirigido por Edward Cronjager, quien también fue su director de fotografía (1952).
  14. Perón, E., Mi mensaje, Cap.:"Mi voluntad suprema". op. cit.
  15. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome (1975-1976), Paidós, Bs. As., 2006, p. 63.
  16. Lacan, J., Ibíd., p. 64.
  17. Miller, J.-A., "El inconsciente y el cuerpo hablante", Scilicet El cuerpo hablante Sobre el inconsciente del siglo XXI, Grama, p. 26.
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