Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
CUERPOS
Mi adorable cuerpo [*]
Alicia Yacoi
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Bailarina - Los paraisos perdidos
Negativo fotográfico intervenido
100x70cm | 2000

"El individuo se presenta como un cuerpo que tiene un poder tan cautivante que habría que envidiar a los ciegos". [1]

Tal la creencia con que el parlêtre intenta rellenar el cuerpo agujero, que es el cuerpo marcado por el trauma. A partir de allí, la consistencia de nuestro cuerpo es el saco vacío. La psicosis es rigurosa en el delirio de negación que afirma no tener diversas partes del cuerpo.

Alicia, la de Lewis Carroll, rebate otra creencia que es hallar la consistencia en lo real del cuerpo con la metáfora de la profundidad. Alicia deja de buscar los secretos del cuerpo en las profundidades para arribar a los efectos de superficie, a cartas, figuras de cuerpo sin espesor. [2]

En la neurosis encontramos el efecto sorprendente que es sostener ese cuerpo como imagen.

El caso del obsesivo es paradigmático en su artilugio de hacer de ese vacío, burbuja. Conocemos el padecimiento de ese tipo clínico, cuando la bolsa narcisista se hincha como el buey o se desinfla como la rana.

Cada uno se cree amo de sí con su imagen, sin embargo "hay el agujero, luego la imagen, con esto se hace un mundo". [3] Se hace un mundo con el objeto a, a condición de negar que es una superficie que se penetra a sí misma. Se hace un mundo con el falo, negando su condición de goce fuera de cuerpo.

Pero ¿qué sería un cuerpo sin trauma?, lo inerte mismo.

Nuevamente el Síndrome de Cotard en la psicosis es riguroso en su padecimiento: el paciente tiene la certeza de estar muerto. Dando cuenta de un trauma que no ha vivificado lo suficiente.

¿Podemos situar el efecto vivificante del trauma? Lacan parece situar a este Imaginario [4] y su raíz corporal, como previo al mundo especular que requiere del Ideal, o sea del efecto de ese significante.

Hay una homogeneidad Imaginario real. Es el Imaginario humano como tal. Y obtiene su satisfacción y su pregnancia de lo real que le ex-siste. Se sitúa así un goce vivificante, que no es ni pulsional ni fálico.

Podemos entonces interrogarnos acerca de la incidencia sobre esa cautivación en un análisis. Lacan nos advierte [5] que especialmente en el obsesivo es muy difícil de lograr, ya que es muy difícil alejarlo del dominio de la mirada.

El punto a debatir en la interpretación, entonces, es cómo a través de un decir sin sentido, producir el vacío que resuene en un cuerpo, que es sensible a ello por su conformación.

Podemos entonces oponer la vivificación a la cautivación.

NOTAS

* Trabajo presentado en el Vapt Vupt del X Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis -AMP, "El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI", 25 al 28 de abril de 2016.

  1. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 18.
  2. Deleuze, G., "Segunda serie de paradojas. De los efectos de superficie", Lógica del sentido, Paidós Ibérica, Madrid, 2005, p. 32.
  3. Laurent, E., "Hablar con su cuerpo - escabel", Estudios lacanianos en la ECF: "Hablar lalangue del cuerpo". Consultado en: http://www.congressoamp2016.com/uploads/c3f71dd82a4b49810fe36b590cfa03275c9ac77d.pdf
  4. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, op. cit.
  5. Ibíd.
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