Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
VIRTUALIA #32
El cuerpo hablante y sus estados de urgencia [*]
Miquel Bassols [**]
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Identidades. Serie ente la luz y la sombra
Negativos fotográficos intervenidos sobre tela
120x120cm | 1996

En camino al X Congreso de la AMP, que tendrá lugar en Rio de Janeiro en el próximo mes de abril, sobre "El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI", este lunes 1º de febrero, la noche especial de la AMP, tomó un viso de actualidad para tratar este tema. Esta actualidad marca nuevamente la temporalidad de nuestras Escuelas. Los acontecimientos de los últimos meses ocurridos en Paris, difíciles para todos, pero particularmente para nuestros colegas franceses, al igual que las situaciones de violencia generadas en otros lugares, nos llevan a reflexionar sobre las situaciones de urgencia subjetiva producto de la irrupción de un real del que todavía estamos lejos de ver todas las consecuencias.

Lo que designamos, a partir de la enseñanza de Lacan, como el cuerpo hablante, vive en realidad, en permanente "estado de urgencia" por el hecho de estar habitado por la pulsión, por esta exigencia inmediata de satisfacción. ¿Qué sucede cuando esta exigencia se hace presente desde el exterior, en la ruptura misma de los lazos sociales, como pura pulsión de muerte, y siempre bajo una forma diferente para cada sujeto? Los estados de urgencia toman en cada caso formas singulares de respuesta, escapando a toda explicación sociológica.

Los colegas miembros del Consejo de la AMP, que residen en las diversas ciudades de nuestras Escuelas, trataron este tema en la reunión, con el tacto y la fina sabiduría que extraemos de la enseñanza de Lacan. Estas elaboraciones siguieron un mismo hilo conductor, el del tiempo lógico que siempre marca la respuesta del sujeto del inconsciente al real imposible de simbolizar. Se parte de la articulación de dos dimensiones temporales.

Tenemos por un lado el tiempo del lenguaje, un tiempo que se plantea como eterno en la medida en que siempre podemos añadir un significante a otro significante en un deslizamiento infinito de la significación. Hay que decir que desde siempre ha sido el tiempo de la religión, con el mismo sentido que, en lo imaginario, plantea esta infinitud como inherente al tiempo. La paradoja es que hoy la misma tecno-ciencia promueve ya esta eternidad tomando el relevo del Otro del lenguaje en una carrera de Aquiles persiguiendo a la tortuga. De hecho, se cree más en la eternidad de lo que nos parece. El sujeto del lenguaje, el sujeto de la cadena significante se sitúa como eterno, tal como lo expresa el fantasma obsesivo, hasta padecer la tortura de asistir a su propia muerte. Es ese sujeto eterno del significante, del que un Sade quería borrar toda huella de la superficie de la tierra.

Por otra parte, la experiencia de tener un cuerpo hablante implica la experiencia de un límite temporal, siempre como una urgencia subjetiva. El cuerpo es mortal en la medida en que es un cuerpo hablante, afectado por el goce, por la pulsión que Freud llama justamente "pulsión de muerte".

Entre estas dos dimensiones se juega el destino del cuerpo hablante en sus estados de urgencia. Desde esta perspectiva, el tiempo lógico desplegado por Lacan en el comienzo de su enseñanza, ese tiempo marcado por el instante de la mirada, el tiempo de comprender y el momento de concluir, implica siempre un sofisma, es decir un razonamiento lógico que incluye un cierto engaño. Se plantea como un tiempo que se desarrolla a partir de la estructura del lenguaje en los rieles del significante, pero en su tren hay un viajero secreto: la pulsión misma que reside en el instante de la mirada y que efectúa su bucle alrededor de un objeto: la mirada misma.

La mirada como objeto pulsional introduce un cortocircuito en el tiempo lógico, un cortocircuito en el tiempo de comprender, que precipita al sujeto en el acto, en la prisa, en la urgencia. No podemos resolver la conclusión del acto, en el tiempo lógico, sin introducir a la pulsión en su tren. Ese tiempo lógico es finalmente un sofisma que no escapa a la doble dimensión temporal del tiempo infinito del lenguaje y del tiempo cíclico de la pulsión. De hecho, es la pulsión la que precipita al sujeto al acto.

En esta coyuntura, hay una paradoja que marca nuestra actualidad: cuanto más promovemos la eternidad del sujeto, más lo empujamos a la urgencia subjetiva; cuanto más desplazamos al sujeto en la cadena infinita del significante, más obtenemos su angustia como signo de un real, y en mayor medida encontramos un sujeto hiperactivo, un sujeto empujado al acto.

Por lo tanto, el sujeto de nuestro tiempo vive entre la metonimia infinita inducida por el lenguaje y la experiencia del cuerpo limitado por la pulsión de muerte y su exigencia de satisfacción inmediata. De hecho, es el tiempo que nos impone la tecno-ciencia con sus gadgets. Del celular a Internet: siempre nos empujan a otra parte, estamos siempre lejos del lugar donde está nuestro cuerpo hablante. El tiempo pulsional introduce este cortocircuito en el tiempo del lenguaje, irrumpe de una manera que llega incluso a la angustia. Ya conocemos los efectos variados de adicción, de goce, en este desplazamiento infinito que empuja al sujeto a la urgencia del acto.

El cuerpo hablante es ese mismo anudamiento entre el cuerpo y lalengua al que también designamos con el concepto de pulsión. La pulsión siempre es la experiencia de una urgencia subjetiva en relación al tiempo infinito del lenguaje. Respecto a la pulsión, como veremos en las ponencias de esta noche, siempre estamos demasiado atrasados o demasiado adelantados. Ese "demasiado" que habita el cuerpo hablante es lo que se hace presente en toda experiencia traumática que motive la urgencia subjetiva.

En esta perspectiva, nuestro colega Oscar Zack, de Buenos Aires, hace una sutil reconsideración del tiempo lógico donde la urgencia subjetiva se vuelve el signo de un real imposible de soportar, pero también el factor necesario para llegar, en ese tiempo, al momento de concluir. De hecho es la observación que encontramos en Lacan en su discurso de Roma de 1953: "Nada creado que no aparezca en la urgencia, nada en la urgencia que no engendre su rebasamiento en la palabra". [1] La urgencia subjetiva es la condición de toda creación efectiva. Al mismo tiempo, la palabra, el tiempo del lenguaje, es la condición de toda creación para superar esta urgencia. En esta articulación entre los dos tiempos, nunca hay un encuentro previsible, no hay más que pura contingencia.

Juan Fernando Pérez, de Medellín, retoma nuevamente el tiempo lógico como tiempo de la angustia entre la amenaza que suspende el acto frente a la figura del Otro maligno y el combate que lo transforma en enemigo. Y destaca dos respuestas posibles que encontró en la clínica de los estados de urgencia: el insomnio, una especie de "procastinación circular", y el estado de alerta generalizado que precipita la huida, la prisa, frente a un signo cualquiera de peligro. El estado de urgencia se ubica entonces entre la procastinación y la prisa, sin poder encontrar el kairós aristotélico, el momento oportuno del acto. En esta coyuntura de lo imposible, nos propone la sutileza de un "estilo tardío" que anidaría en el acto de creación.

Por su parte, Marcus André Vieira, director del próximo Congreso de la AMP en Rio de Janeiro, introduce la instancia del superyó y la angustia en la urgencia subjetiva. Nuestro paradigma para tratar la urgencia es la angustia que se debe des-consistir a contrapelo del superyó, esa voz que mira al sujeto imponiéndole un goce. Introduce un nuevo elemento en la lógica temporal de la urgencia, se trata de la "resonancia asemántica" de la voz en el cuerpo hablante, instancia de lalengua fuera de sentido, parte no significante de la voz, entrecruzamiento entre significante y goce, que no tiene un objeto predeterminado pero que introduce el tiempo de la contingencia. Un saber hacer con la contingencia, para enfrentar a la urgencia del superyó.

Por último, Patricia Bosquin Caroz nos comunica una experiencia decididamente subjetiva en dos tiempos, a partir de dos acontecimientos trágicos que sacudieron la ciudad de Paris los últimos meses: los atentados del 7 y el 9 de enero de 2015 en Charlie Hebdo y el Hiper Cacher, y los atentados del 13 de noviembre. Hubo, es cierto, dos respuestas diferentes para cada acontecimiento: una identificación masiva al significante amo y el bascular del grupo que se había formado, como respuesta a la irrupción de un real, entre un silencio impuesto y un silencio voluntario, entre el silencio impuesto por el terror y un silencio elocuente que se hizo presente también en las calles de la ciudad. Hay, por lo tanto, en el duelo un tiempo de silencio necesario para el tiempo de comprender.

Finalmente, si podemos concluir con una fórmula para escandir el nuevo tiempo lógico que distingue en la actualidad al tiempo de la urgencia subjetiva, podemos tomar la fórmula lanzada por Eric Laurent en un debate lleno de matices: "Fin de la eternidad".

NOTAS

* 9 de febrero de 2016, en el après-coup de la noche preparatoria del Congreso de la AMP, que se llevó a cabo en el local de la ECF el 1ª de febrero de 2016.
** Traducción: Gabriela Roth. Versión no revisada por el autor.

  1. Lacan, J., "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis", Escritos 1, Siglo XXI, México, 1986, p. 231.
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