Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
JORNADAS ANUALES DE LA EOL
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HIPERCONECTADOS. Los psicoanalistas frente a los lazos virtuales
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R. Seldes, A. Daumas, G. Stiglitz, R. Vargas, C. Viñal, L. Cazenave, M. E. Cora, M. Berkoff, S. Goldber, A. Pérez, P. P. Casalins, E. Stoisa, C. Spivak, A. C. González y G. Canteros

 

Camaleones hoy
Ricardo Seldes

¿Quiénes son los camaleones en la hipermodernidad, tiempo y lugar actual de la práctica psicoanalítica?

En los años 60 la ficción creaba Star Trek, Viaje a las Estrellas, con su supernave, el Enterprais, cuyo objetivo era "explorar nuevos mundos, nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones en el espacio extraterrestre" para ir a donde ningún hombre hubiera llegado nunca. Allí aprendimos a "convivir" con imágenes de cuerpos supuestamente horribles con seres de corazones amplios, mejores que los terrícolas. El hombre es más prójimo de si mismo en su ser, que en su imagen especular. [1]

El cuerpo entra en la economía del goce por medio de la imagen del cuerpo. Hay un mundo que comienza en el goce primario, el que Lacan describe en El Seminario 5 con la risa del niño antes de toda identificación, incluso la especular.

Lo real es la orientación en nuestra práctica con el parlêtre, el que tiene miedo de su propio cuerpo. En la angustia que surge del entrever que se reduce a eso, a su cuerpo, diversas respuestas se inventan para vérselas con los momentos en que la vida se manifiesta en su forma más pura.

La ciencia produce respuestas a esas exploraciones personales, más o menos accesibles a los sujetos. Una pregunta se nos impone: los sujetos camaleones ¿se muestran o se camuflan? Respondemos en forma provisoria, se muestran camuflándose, se esconden de su vacíos.

La ciencia nos brinda en qué hincar el diente, en ligar lo que nos falla en la relación de conocimiento a lo que se reduce a gadgets. ¿Seremos animados nosotros mismos por los gadgets? [2]

Para Lacan era poco probable ya que no conseguiremos que no sean síntomas, es decir lo que se inventa para creerse el cuento de la existencia de la relación sexual, en las mismas épocas en las que su inexistencia se ha vuelto evidente y explícita.

La pregunta que se nos impone (una vez que se ha generalizado el uso de tatuajes, piercings, cirugías, pequeñas y audaces incursiones genéticas, modas Guerra de las Galaxias o equivalentes) es por el uso que hará la humanidad cuando se haga necesaria la implantación de dispositivos en el interior del cuerpo, gente con chips en la carne, cuando tengamos cyborgs de pacientes, de vecinos, de colegas. Los hoy N.F.C. (en inglés comunicación de campo cercano) con un chip en la mano ya pueden tuitear en forma instantánea, pasar puertas codificadas, pagar pequeñas sumas de dinero. Los entusiastas temen que los grandes grupos de ciencia digital propongan sus chips, lo cual implicará por supuesto el uso del control por parte del estado o de los hackers especializados. Un mundo feliz diría Huxley.

A este mundo, in-mundo, no le faltará el malestar. Los algoritmos rigen nuestras vidas digitales. Están en nuestras líneas de tiempo de Twitter, de Facebook y de Instagram, en nuestras búsquedas en Google y en la interpretación de datos masivos por parte de gobiernos y empresas. La recolección y utilización de grandes cantidades de datos (big data) puede perpetuar y exacerbar los patrones sociales ya existentes de racismo y discriminación.

Nuestra tarea no es que los sujetos se desembaracen de lo real. Si el psicoanálisis se mantiene como síntoma, con su falta de la relación sexual, eso hace que los analistas dependamos de lo real y no lo contrario. Tenemos la tentativa de renovar el sentido del síntoma a lo cual Lacan permaneció ligado. Es lo que introdujo con el nombre de sinthoma. No consiste en absoluto en rechazar el real científico y el saber en lo real. Sin rechazar este saber, podemos admitir que hay saber en lo real, y plantear que en ese saber hay un agujero, que la sexualidad hace agujero en el saber.

Donc: El psicoanálisis precisa aggiornar su práctica al espíritu de la época. No somos nostálgicos, sería un retorno a lo peor. Respondemos a la pregunta que nos hicimos al comienzo: ¿Quienes son los camaleones?

Respuesta: son aquellos sujetos permeables a los efectos de sentido. La histeria por ejemplo, aún la rebelde. El sujeto del inconsciente experimenta su docilidad a la palabra del Otro. Los analizantes son camaleones. La operación analítica permite a un sujeto mutar, ponerse a distancia de la constancia de inercia que lo fija. Esa constancia que limita sus movimientos.

Desde esta perspectiva también los analistas son camaleones porque en su formación se preparan para tolerar las diversas maneras de gozar que tienen los sujetos, pueden incluirse en diversos fantasmas y aceptan, como camaleones, el color que el analizante le otorga en la transferencia. [3]

Camaleones que ejercen una dura docilidad, agregamos, para estar advertidos de que en el mundo de camaleones, el analista puede anticiparse para asegurar el porvenir del psicoanálisis.

NOTAS

  1. Lacan, J., "La tercera", Lacaniana 18, p. 20.
  2. Ibíd., p. 31.
  3. Miller, J.-A., "Estructura, Desarrollo e Historia", Seminarios en Caracas y Bogotá, p 337.

 

Dos episodios, un ojo distinto
Alejandro Daumas

El primer episodio es impactante. Hace unos días una joven francesa decidió suicidarse y grabarse en la red social Periscope. Fueron largos minutos online en vivo (vaya paradoja) en los que la joven se conducía a una muerte segura buscando las vías del tren… fue así. Ocurrió su muerte y el maquinista o un operario del ferrocarril agarró el Smartphone y lo apagó.

Allí terminó ese video online.

El segundo episodio puede ser banal y hasta risueño si consideramos el trágico destino del primero.

Pero ahí va.

En una fiesta llamada medievalista, donde todos se disfrazan y se personifican como si vivieran en esa época, todos muy bien puestos, caballos, metales muy pesados, lanzas y toda la imaginería medievalista. Ahí, allí mismo aparece un dron grabándolos desde el aire, metiéndose un poco en todo ese simulacro.

Y de pronto un hombre, medievalista, toma su lanza y… pum!… destroza el dron que se cae en pedazos. Nada de gadgets. Nada de cámaras, nada de celulares… todo un gran simulacro… pero el dron arruinaba todo así que afuera.

Dos relaciones al ojo distintas. Una: quiero que estés, que me mires, que me muestres hasta en ese acto (cabria hacer consideraciones precisas sobre el suicidio), que todos me vean a través tuyo. Ojo.

La otra no quiere saber nada de ese ojo, el ojo está allí en el uso de otros semblantes, en ser verdaderamente un medievalista. En separarse por un tiempo… porque sabemos que esa fiesta termina y cada uno agarra su Smartphone, su auto y quizás su dron, y se marcha a su casa… tal vez contando por face o por twitt de donde viene.

Dice Gerard Wacjman en El ojo absoluto: La embriaguez de lo visible y la pasión de verlo todo han hecho presa de la sociedad entera. Los sujetos son llamados a avanzar sin velos por un mundo atosigado de claridad hasta la transparencia. El amo moderno, equipado por la ciencia y la técnica, ha creado un mundo sin escondite, transparente, virtualmente, de punta a punta... frente a la importancia creciente del Ojo, la defensa de la libertad pasa por el derecho a lo oculto y al secreto. De un modo o de otro, si lo más íntimo está fuera de uno, lo íntimo se perfila como un lugar, no de pura libertad, sino de verdad; es decir, donde el sujeto surge en su opacidad, en su irreductible división. Lo cual explica que, siendo un lugar de secreto y de sombra, lo íntimo pueda serlo también de pudor. El deseo de transparencia que asalta hoy al mundo se realiza con el propósito de extraer lo íntimo por la fuerza, de arrancarle al sujeto su verdad. Es decir que no sólo se trata de una violencia, sino también de una ilusión, peligrosa, frente a la cual el sujeto solo puede oponer su derecho a esconderse. Un derecho no escrito y que no es simplemente el de esconder la verdad sino el de esconder también la circunstancia de que no sabe nada de esa verdad. Ocultar a la mirada del amo incluso el hecho de que el sujeto no es amo de sí mismo.

En esta línea, ¿podríamos pensar con Wacjmán que eso que él llama derecho a esconderse sería para nosotros preservar el derecho a la soledad, entendida como aquel lugar del pudor, de lo más íntimo de un sujeto, que debemos resguardar del ojo omnividente del amo?

La joven francesa cabe en este "avanzar sin velos por un mundo atosigado de claridad hasta la transparencia" de su propia desaparición. O el mediavalista es aquel que "sólo puede oponer su derecho a esconderse" en ese mundo inventado.

Tal vez debamos considerar en este mundo de la hiperconexión las cosas que cada sujeto hace con ese ojo absoluto, cómo se ofrece y cómo se crea un recoveco.

Recoveco, expresión de Lacan, subrayando la necesidad de todo sujeto de que alguna vez se lo invente para salirse de la mirada del Otro.

Pinceladas, trazos para recorrer matices de la hiperconexión.

 

 

Nota sobre matices de la hiperconexión
Gustavo Stiglitz

Tomo la invitación de Alejandro Daumas que capturó el punto de relación entre las dos escenas que relata. La terrible y la… ¿jocosa?, ¿simpática? Hay entre ellas un trasfondo común.

El medievalista no quiere saber nada con el dron que conecta el evento de ficción con el mundo globalizado, en tiempo real. Ese objeto que presentifica la alianza ciencia - capitalismo lo perturba. Es su enemigo imaginario, persecutorio.

No sabemos nada de ese hombre como tal, pero podemos decir que comparte un matiz con la joven que exhibió al mundo su propia desaparición. El trasfondo común, más allá de la conexión a las redes sociales, es el rasgo "Hiper". Está claro del lado de ella: Hiper pulsión de muerte, Hiper mirada, Hiper desconexión del Otro encarnado, ¡Hiperconectada hasta la muerte! Del lado de él, del caballero medioeval, lo Hiper se refiere al semblante que rechaza todo tipo de afectación del simulacro. Nada de manchas en el borde de semblante; entonces, su acto manifiesta el intento de refugiarse en un mundo sin real, sin castración.

Hiper cuerpo a ser destruido ante la Hiper mirada del ojo absoluto, en ella.

Hiper semblante que Hiper rechaza cualquier mancha o discontinuidad del simulacro y, por lo tanto cualquier toque de Real, en él.

Lo que el caballero desconoce es que su "acto liberador" es instantáneamente reabsorbido por el semblante. Porque no es más que eso: el simulacro de la lucha contra la tecno ciencia que, imperturbable y sorda a los retornos que engendra, avanza sobre los cuerpos.

Acuerdo con Daumas, muy probablemente tras las fiesta volvió a su casa en su coche con bluetooth contando la experiencia a algún destinatario lejano.

El matiz que recorto de estas dos breves y desigualmente impactantes historias (no son lo mismo obviamente en sus consecuencias), es el del exceso. El objeto técnico facilita esa pendiente y obstaculiza la discontinuidad y el punto de basta. ¡Basta! Es muy difícil hacer escuchar eso. Pero el objeto técnico no es la causa. Ésta es interna. El objeto es el vehículo que, al modo de los objetos a, se presta como pivote del recorrido de la pulsión. A diferencia de éstos, su oferta más ilimitada extiende y perpetúa el imperativo acéfalo de la pulsión.

Hipercontinuidad del goce de los cuerpos. Pero éstos no tienen baterías recargables. Si se les acaban, mueren.

 

Lo familiar al alcance de la mano
Raquel Vargas

Tal vez, a pesar de sus deformaciones,
la Tierra seguía siendo un lugar familiar,
algo a lo que aferrarse.
Philip Dick, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?"

Introducción

Dar pie con bola. Esta es una expresión que encontramos en El Seminario 3, no una vez sino dos. En la primera clase señala que "todo lo que en el comportamiento humano es del orden psicológico está sometido a anomalías tan profundas, presenta en todo momento paradojas tan evidentes que se plantea el problema de saber qué hay que introducir para dar pie con bola". [1]

Simbólico, Imaginario y Real serán los sistemas de referencia que propone para sortear el problema. Es también cierto que uno de esos registros, el Simbólico, tomará a su cargo un orden. A nivel del símbolo, la articulación ofrece ciertas garantías para preservar al sujeto de una "invasión imaginaria de la subjetividad". [2] Mientras que el plano simbólico ofrece discontinuidades, elementos discretos y lugares asignados, lo imaginario revela un estado de las cosas que siempre tiende al desorden, a la tensión erótica y agresiva. Lo Real se define como lo que no es ni Imaginario ni Simbólico. La sorpresa es que encontramos al final del Seminario, en su última clase, una advertencia sobre el porvenir del significante: "La dialéctica imaginaria puede bastar si, en el cuadro que dibujamos de esta dialéctica, esta relación significante ya está implicada para el uso práctico que se quiere hacer de ella. Dentro de dos o tres generaciones, ya nadie entenderá nada, nadie dará pie con bola, pero, por el momento, en conjunto, mientras el tema del complejo de Edipo permanezca ahí preserva la noción de estructura significante, tan esencial para ubicarse en las neurosis". [3]

Las cosas cambian, ya cambiaron. Nuestros sistemas de referencias, los tres de Lacan, siguen vigentes. Se plantea el problema de volver a delimitar sus campos, verificar sus mutaciones, plantear sus movimientos, conceptualizar sus fundamentos.

Dar pie con bola evoca también al objeto y al sujeto que porta el pie. Lo que parece cierto es que cada vez hay que saber qué introducir para localizarlos.

Expendio de fantasías

Los objetos fueron adquiriendo una gran importancia, lo que demuestra que el objeto perdido no es el problema. Eso está resuelto porque tanto el objeto como su medio, la realidad, se las arreglan. Lo perdido es un problema que se resuelve como sustitución: "La tienda de repuestos está en el interior y los tomamos de acuerdo a las necesidades". [4]

Lo que plantea el mundo actual con sus objetos tecnológicos confirma que de lo que se trata es de qué modo se sustituye lo perdido.

El asunto es que la tienda de repuestos está en el exterior. Alguien más ofrece un sueño, una ilusión, una fantasía ya hecha y lista para usar. [5]

En la novela de P. Dick que cito en el epígrafe, encontramos un aparato, el climatizador del ánimo. Es un aparatito que procura un tono de voz, el modo en el que se mira algo o a alguien. Se puede programar el día solo con pequeños ajustes en los controles. En la novela hay varios personajes pero se destacan la pareja que inicia el relato con esa maquinita hecha para facilitar los lazos con los objetos del mundo.

P. Dick fue nombrado por los críticos como un "maestro de la insatisfacción". ¿Qué es la insatisfacción sino el índice que denuncia la mentira de la sustitución?

Si desplazamos el climatizador del ánimo a la computadora, al celular, a los smart tv. Si vamos a sus aplicaciones –así se llaman– de lo más variadas, ese camino hacia la fantasía o según su intensidad, al delirio, ya realizado –solo hay que tocar la pantalla–, ¿cómo se sitúan el sujeto y el objeto? ¿Se plantea de este modo que el sujeto y el objeto ya no tienen la articulación que ofrece el matema del fantasma? ¿Cuál es la gramática pulsional sobre esta fantasía procurada por las máquinas? ¿Será que el sujeto se plantea en el mismo nivel que el objeto, es decir como perdido?

La realidad está perdida pero lo que la sustituye, en estas últimas décadas, ofrece un gran vértigo. En el plano libidinal se modifica la vía de captura de los objetos. Ellos están al alcance de la mano en los diferentes gadgets siempre nuevos, siempre renovados, siempre más. Los objetos de consumo que sustituyen la realidad perdida y cambiante interrogan sobre la naturaleza de los mismos. Es decir, de qué objeto y de qué sujeto hablamos hoy.

Será la clínica la que pueda despejar este tema cada vez en cada objeto, en cada sujeto.

Viejos conceptos

Lacan advirtió muy tempranamente los profundos cambios en la vida del lenguaje, en las palabras y en los cuerpos. Sin embargo, el anuncio no abriga del impacto que produce soltar el concepto de Inconsciente. Soltarlo lo suficiente de manera que permita decirlo mejor, según lo reclama la época que nos toca.

La práctica clínica verifica que las fantasías inconscientes mantienen su vigencia. Las fantasías fabricadas en otro sitio, esas también cobran existencia. ¿Engendran síntomas como lo han hecho las diseñadas por el sujeto en su relación íntima con el lenguaje?, ¿estas neo-fantasías pasan a los sueños? ¿O son ellas el embrague del yo para empujarlo a hablar?

Cuando Lacan pregunta en 1977 qué pasó con las histéricas de antaño, [6] interroga también y fundamentalmente qué pasó con el sujeto dividido, con el sujeto del Inconsciente, al que presenta como "un sedimento de lenguaje".

El lenguaje cambia de modo que lo que sedimenta, también. Eso deja un aire de familia en nuestros conceptos a la par que muestra su carácter extraño.

Estar conectados revela un tipo de lazo. La familia también lo es y adquirió un gran peso en las conceptualizaciones del psicoanálisis. Es un concepto muy complejo que delimita espacios precisos. La intimidad y la extrañeza confluyen en él.

Freud en su texto de 1919 "Lo ominoso" plantea un interrogante que luego de casi un siglo tiene toda su vigencia: "¿Cómo es posible que lo familiar devenga ominoso, terrorífico y en qué condiciones ocurre?" [7]

Cada quien tiene su gadget y se familiariza con él. Los conceptos freudianos que matematizó Lacan permiten tomar una distancia y nos exige fundamentar la conectividad del sujeto moderno a quien le atribuimos el prefijo hiper. ¿Qué reencuentra en sus objetos de consumo siempre nuevos?

Última conexión

El lenguaje se reclama tecnológico. Un lenguaje muy cercano al género que inspiran los cuentos de Dick que nos introducen a una verdadera pesadilla tecnológica.

J. Copjec afirma que el psicoanálisis "es la lengua materna" de nuestra modernidad, que sin ella no podríamos articular los temas importantes de nuestra época. [8]

Tenemos una chance aún de hacer divertido [9] el psicoanálisis. Cuanto más divertido, más cerca del verdadero psicoanálisis estaremos.

NOTAS

  1. Lacan, J., El Seminario, Libro 3, Las psicosis, Paidós, 1990, p. 17.
  2. Lacan, J., op cit., p. 141.
  3. Lacan, J., op cit., p. 455.
  4. Lacan, J., "Neurosis y psicosis. ¿Dónde comienza lo anormal?", Entrevista a Lacan, mayo 1968. www.psicoanalisisinedito.com
  5. Miller, J.-A., "El inconsciente y el cuerpo hablante", Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, 2016, www.wapol.org
  6. Lacan, J., "Consideraciones sobre la Histeria", Bruselas, 26 de Febrero de 1977, Quarto Nro. 90.
  7. Freud, S., "Lo ominoso" (1919), Obras Compñetas, Amorrortu, V. XVII, 1986, p. 220.
  8. Copjec, J., Imaginemos que la mujer no existe, FDCE, 2006, p. 24.
  9. Lacan, J., El seminario, Libro 1, "La tópica de lo Imaginario", Paidos, 1986, p.125.

 

Conectados: hiper o sub, cada quien con su palabra
Celeste Viñal

Pienso en las Jornadas como la posibilidad de intervenir en los debates del mundo desde la lógica del psicoanálisis. El tema que nos proponemos ya tuvo muchos ejes de discusión desde diferentes perspectivas y disciplinas.

¿Cuál es el abordaje específico que queremos darle desde el psicoanálisis de la orientación lacaniana?

Al revisar cómo lo había tomado parte de la literatura, encontré aquello que menciona Ricardo Piglia en el 2007 en una charla en la Biblioteca Nacional (lectura imperdible del libro La forma inicial. Conversaciones en Princeton) y me encontré con algunas cuestiones que nos pueden interesar

Impresiona el tono ajustado al objeto de estudio que logra, entendiendo como tono qué relación tiene alguien con algo, qué enunciación toma para abordar su propuesta. Entonces –en primer término– me interesa preguntarme acerca de ello.

¿Qué tono lograremos desde el psicoanálisis? ¿Cómo podemos hacer para no caer en la nostalgia defensiva que atrasaría el reloj dos siglos, posicionándonos desde afuera del fenómeno con el recurso del exotismo, pero tampoco subirnos sin críticas a una celebración carente de contenido?

Tampoco debemos forzar nuestras categorías para acercarnos, condescendientemente, a un armado conjunto imposible. ¡Toda una prueba de rigor!

El argumento de la Comisión Organizadora nos ofrece una ruta sobre la cual podemos empezar a transitar este camino.

Será entonces un desafío muy interesante asistir a las discusiones que podrán darse en el marco de nuestras próximas Jornadas, interesarnos por las diversas aristas que irán produciéndose a lo largo de esos dos días de encuentro y cómo se desarrollarán los temas que abordaremos.

Volviendo a Piglia, él encuentra ya en la literatura de James Joyce y de Macedonio Fernández los antecedentes directos de la web. Y en Borges la captación del arco que va desde la biblioteca como escena de lectura sucesiva (una letra tras otra, una palabra detrás de la siguiente, un libro que antecede a otro) al Aleph en tanto imagen de la captación como lectura simultánea que se asemeja a Internet.

Porque lo que él plantea es que por más simultaneidad de información o de signos, imágenes, palabras, que aparezcan, la lectura fue, es y será siempre lineal. Se lee una cosa detrás de la otra, aún si son emojis. Alguien manda una carita sonriente y es solo una imagen pero quien lo recibe decodifica "me sonríe" y eso ya es una oración.

La lectura, como procedimiento en sí mismo, implica un sujeto que da un sentido a eso que recibe y esa secuencia es necesariamente del orden del trazo, del segmento. El desciframiento va de un signo a otro más allá del carácter fragmentario del estilo del mensaje. Nadie lee "tqm" como té-ku-eme sin más, leemos en esa sigla un "te quiero mucho".

A eso Piglia lo llama una "taquigrafía personal", que no atentaría en nada al proceso clásico. El que lee, se desvía, está en una red, el tiempo está fragmentado y es múltiple; usa red en el sentido de la net.

Propone al Finnegans Wake, como ejemplo de una escena de lectura que se da con la técnica actual. Precisa de una actitud de lectura discontinua, que incluye sus propias interrupciones, igual que en Macedonio.

También nos acerca el ejemplo de Manuel Puig como magistral modo de poder apropiarse del lenguaje común para sus narraciones, haciendo materia literaria de lo coloquial que ocure en las calles.

Retengo la claridad de Piglia en la idea de intentar hacer "algo así" desde el psicoanálisis, estudiar el fenómeno a partir de nuestras categorías y conceptualizaciones con toda la disciplina de la que somos capaces.

La literatura, los lingüistas, los semiólogos, los sociólogos y antropólogos vienen trabajándolo desde hace años.

Nos habita el reto de poder darle estatuto de objeto de investigación a nuestro tema y cómo someterlo a pasar por el tamiz de nuestro interés sin banalizarlo, banalizarse ni hacer juicios de valor.

Será un verdadero desafío que nos pondrá en la exigencia de contemplar lo interno y lo externo, lo generacional, los distintos estilos y gustos. Nos llevará a poner a prueba el prejuicio o la deslegitimación que se hace de su importancia (muchas veces a partir de los propios obstáculos de desconocimiento) pero también de reconocer los propios usos o regocijos sin perspectiva. Nos enfrentamos a un tema completamente ajeno para algunos, para otros –incluso– resistido y para una gran franja joven, algo absolutamente cotidiano y naturalizado. Ya contamos entre nuestras filas analíticas a los "nativos digitales" mientras otros, con menor o mayor soltura, siempre seremos "inmigrantes digitales", los que hablamos el idioma pero nos queda el acento de no haber crecido en él. Celebro el desafío en el esfuerzo de encontrar el buen rumbo que va a conllevar una política de Escuela de cara a la época, a la ciudad y a necesidades clínicas que nos harán trabajar con renovado entusiasmo.

 

Los sujetos autistas conectados
Liliana Cazenave

Es un hecho que para el hombre del siglo XXI la máquina por excelencia, la computadora, forma parte de su vida. Hoy en día la oferta tecnológica que nos sumerge en el ciberespacio nos propone un nuevo modo de funcionamiento viviente, una nueva relación al mundo a través de la máquina.

Ya no se trata de la máquina moderna planteada como inteligencia artificial, cuyo correlato era el hombre maquinal; la máquina posmoderna se plantea como vida artificial y su correlato es la vida simulada.

Si nuestra inmersión en el ciberespacio se nos ha vuelto imprescindible, una condición de supervivencia, los sujetos autistas, por su afinidad con los ideales del discurso de la ciencia, están sumergidos un poco más, si se quiere, en ese mundo. [1]

La reconfiguración de las máquinas en las últimas décadas, como objetos psicológicos y vivos, es correlativa a una concepción de las personas como máquinas vivientes. Esto no es aislable de todo un movimiento cultural y científico como es el genoma humano que concibe a las personas como programas. Es el ideal con el que se presentan hoy en día algunos autistas de alto nivel que convocan la metáfora de la computadora para describir su funcionamiento como seres programables, enteramente racionales que aprenden todo a través del intelecto.

El aparejamiento del sujeto autista al objeto tecnológico no puede ser leído de manera unívoca, ya que todo depende del uso que se haga del mismo,

La máquina se puede acoplar bien a la defensa del autista que intenta evitar a toda costa la amenaza que operan la mirada y la voz que vehiculan la enunciación del Otro. El sujeto podrá hablar con la máquina sin necesidad de articular sus palabras al cuerpo, ya que "la pantalla funciona como un Otro que es voz y mirada sin cuerpo". [2] Podrá encontrar en la interacción con la máquina la seguridad de poder ejercer el control y extraer enunciados, separados de la enunciación y del cuerpo, para iterar sin variación, sustrayéndose del lazo.

Pero precisamente por esta razón la interacción con la máquina programada, con leyes de funcionamiento despojadas de contingencias y equívocos, puede ser para el sujeto autista una manera de regular el caos que introduce en su vida el traumatismo de la lengua. Hablar con la máquina es para el sujeto autista, en principio, más fácil que hablar con los humanos.

En efecto, la manipulación de la máquina, con la posibilidad de rebobinado, repetición y sistematización, le puede permitir al sujeto autista inventar su manera de apropiarse de las dimensiones de la lengua para inscribirse en ella. [3]

Pero para que el niño no quede perdido en la máquina, para que el hablar con la máquina no se reduzca al mero automatismo de una iteración pura, es necesario que medie, entre el niño y la máquina, la presencia de un Otro encarnado que empuje a un suave forzamiento de la defensa, para que la máquina tome el lugar de un medio para orientarse y dirigirse al otro y afectarse de un cuerpo.

Acoger la máquina en el dispositivo puede deparar sorpresas. Encontramos niños autistas, por ejemplo, que extraen breves secuencias de dibujitos animados rebobinándolos y repitiéndolos sin variación. Si el analista se introduce en esta iteración traduciéndola de alguna manera, ya sea escribiéndola o leyéndola o animándola con su voz, apostará a desplazar este circuito y ampliarlo. En mi experiencia esto ha desembocado en algún caso en un interés por la escritura que permitió entrar en el lenguaje por la vía de la letra. En otros casos, estas secuencias repetitivas le permitieron al sujeto localizar sus sentimientos, de los que pudo hablar a partir de la memorización de diálogos.

Como plantea Eric Laurent, [4] el objeto tecnológico puede ubicarse en su uso en relación al objeto (a), ya que éste es definido por Lacan como "un aparato de la palabra, transformado en apalabra", un objeto que circula entre el sujeto y el Otro, constituyendo el circuito pulsional. Desde esta perspectiva, el aparejamiento del cuerpo del sujeto con la máquina viviente que es la computadora puede funcionar de una manera vivificante y al mismo tiempo mortificante. Todo depende de que en su circuito entre o no el Otro encarnado como partenaire del diálogo con el sujeto.

NOTAS

  1. Laurent, E,, "Los autismos en la actualidad", Miller, J.-A., Laurent, E., Maleval, J. C., Schejtman, Tendlarz, S. E., Estudios sobre el autismo, Colección Diva, Buenos Aires, 2014.
  2. Berkoff, M.," Hijos de una lengua sin volumen", Virtualia 30.
  3. Laurent, E., "Variedades del baño de lenguaje en el autismo", Miller, J.-A., Laurent, E., y otros, Estudios sobre el autismo II, Colección Diva, Buenos Aires, 2015.
  4. Ibíd n. 1.

 

Notas sobre lo virtual y la vida online: desafíos de la hiperconexión
Recalculando

María Eugenia Cora

Virtual, del latin Virtus [1] (fuerza o virtud), es un adjetivo que hace referencia a aquello que tiene la virtud de producir un efecto, pese a que no lo produce en el presente.

Habitualmente se asocia esta noción a lo que tiene existencia aparente, por oposición a lo real o físico. En el ámbito de la informática y las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) se utiliza para referirse a la realidad construida mediante sistemas o formatos digitales.

Se conoce como realidad virtual al sistema tecnológico que permite al usuario tener la sensación de estar inmerso en un mundo diferente del real, a partir de una ilusión creada por modelos de computación. Aplicada primero a los videojuegos y luego al entrenamiento en aviación y en el campo militar, hoy su utilidad se extendió a diferentes ámbitos, llegando incluso a transformar radicalmente algunas experiencias de consumos culturales como la música, el cine, la TV y los medios de información. De modo que se elimina la frontera entre realidad e irrealidad. No se trata de la separación de lo real y lo que no lo es, sino del borramiento de los límites que los separan.

Pensando en las implicancias subjetivas, en los efectos a nivel del serhablante, debemos partir de corroborar que la virtualidad establece una nueva forma de relación en el uso de las coordenadas de espacio y tiempo: supera y subvierte las barreras espacio-temporales y configura un entorno [2] en el cual la información y la comunicación aparecen accesibles de diferentes formas. Del mismo modo se generan entornos de interacción que prescinden de la necesidad de compartir el espacio y el tiempo, creando nuevos y múltiples contextos de intercambio.

En este sentido, Paula Sibilia [3] afirma que "las redes nos atraviesan, desconociendo las categorías de tiempo y espacio". Tal como desarrolla en su investigación Redes o paredes. La escuela en tiempos de dispersión, [4] las paredes, tan eficaces en el proyecto moderno de control y adoctrinamiento de los cuerpos y las mentes, se desactivan cuando se produce la conexión y pierden vigencia esas categorías, instalando cierta dispersión. En los niños y en los jóvenes (alumnos) pero también en los adultos (docentes y padres).

Partimos de lo virtual, pero encontramos que en el campo de las Ciencias de la Comunicación y las Ciencias Sociales se tiende a abandonar la idea de la virtualidad o el ciberespacio como si se tratara de un mundo separado. Esto correspondía mejor a la época de Internet conectada por teléfono, por ejemplo, donde alguien o estaba acá, o bien estaba allá. Hoy ya no es posible oponer el mundo real al virtual, "el mundo virtual es parte de nuestra vida real". [5]

Nos encontramos en por lo menos dos espacios en simultáneo, sobre todo esto se vuelve evidente en los jóvenes. Entonces, se empieza a relativizar la noción de virtualidad para referirse a los comportamientos y descripciones de los sujetos. Y se pasa a la consideración de la vida online y los efectos de la hiperconexión.

Es en este punto donde se plantea para el psicoanálisis el mayor desafío: cómo abordar las manifestaciones de la hiperconexión y de la vida online, no sólo en las reflexiones que supone nuestra inmersión en la ciudad y en la cultura online, sino –sobre todo– en la toma de una posición en la clínica.

Hiperconexión

Este término hace referencia a cómo las personas están conectadas constantemente a Internet, ya sea en el uso de redes sociales, en la búsqueda de información o incluso jugando online. En términos descriptivos esto supone hábitos de consumo cultural que se basan en el dinamismo, la inmediatez y el intercambio.

Los niños y –muy especialmente– los jóvenes cuentan con gran variedad de medios y tecnologías que influyen en su manera de aprender, de informarse, de leer, de disfrutar y crear ficción, de relacionarse con los otros y de construir su identidad. [6]

Se vuelve casi un imperativo para quienes practicamos el psicoanálisis con niños y jóvenes conocer la cultura de la hiperconexión para tener acceso al modo en que los chicos se relacionan con el mundo y poder ubicar cómo se vive hoy la pulsión.

Los jóvenes viven en un "universo de pantallas", dominado por tres soportes: TV, computadora y fundamentalmente, el celular. El smartphone es el medio más importante, ya que no se apaga nunca y permite dos tópicos fundamentales del ingreso en la adolescencia: comunicarse con los amigos y escuchar música. Lejos de la idea de aislamiento que tantas veces leemos desde afuera en esos modos de interacción mediatizados por las pantallas.

¿Desconectados?

Sin embargo, debemos precisar cómo abordamos estos fenómenos cuando pasan al campo del psicoanálisis, cuando se produce el encuentro con un psicoanalista, cuando se recortan un espacio y un tiempo en la continuidad infinita de la vida online.

En la investigación del Taller partimos de la adolescencia, respuesta al despertar de la primavera, en la época en que la otra escena del soñar está hackeada por la pantalla y las tecno-ciencias. Si los Grandes Relatos han declinado y no hay padre que asuma la excepción, ¿dónde ubicarla? A. Stevens [7] propone encontrarla en la enunciación: en la invención particular.

¿Es posible esa invención en los tiempos de la sumisión al imperio de las pantallas y la era de hiperconexión? ¿De qué invención se trata? Podemos sostener que no se puede vivir sin sueños, sin ficciones, aunque sea para revelar su punto de falla, lo que no velan del todo. ¿Qué sucede cuando nos encontramos con lo ilimitado, con la tecnología y la imagen en la dimensión del sin fin? No conviene demonizar el objeto tecnológico sino preguntarnos por sus usos y, más allá de la moral de las posiciones a favor o en contra, convendría ubicar las modificaciones que produce en el pensamiento [8] y los modos de vivir.

Respecto de las ficciones, hay las que ofrece la cultura como tratamiento del goce y lo real y está la ficcionalización del sujeto. Se trata de la construcción de un relato y del buen uso de las ficciones disponibles, para finalmente oponer la ficción del fantasma a la invención. Los chicos hoy no sueñan pero consumen sueños prêt à porter. No es lo mismo "ver" que "jugar", como tratamiento de la no relación, mediatizado por la pantalla. Eso que cada uno usa, con lo que cada uno sigue durmiendo, pero a lo que se le supone una posibilidad de despertar, y hacer.

A las tecno-ciencias podemos pensarlas en el lugar del objeto o ligadas al uso. Los objetos de la tecnología serían una extensión de los objetos pulsionales. Asistimos al reemplazo de la experiencia por el flujo de información y la inflación de la imagen. Y surge la pregunta por la tecnología en este estado de la imagen y la posibilidad de ficcionalizar. ¿Las nuevas tecnologías constituyen un obstáculo a la elucubración de saber?

E. Laurent [9] dice que "el niño y el adolescente se encuentran sumergidos en una producción industrial de ficciones noveladas que los ocupa enormemente, porque en el empleo de su tiempo hay que contar las horas para soñar su vida frente a la pantalla.

El analista recoge las ficciones producidas por el niño, para situar lo real en juego en este imaginario invasor". [10]

Podemos pensar la cura como experiencia de lectura que permita al joven leer lo real de las ficciones; aprender a leer. Veremos en cada caso como eso se juega. Retomo entonces la pregunta: ¿Las nuevas tecnologías en la civilización de la imagen son compatibles con la elucubración de saber? Diremos que eso es solo posible de ser respondido cada vez, en cada caso. No se trata de una respuesta general que podamos dar a la época, aunque sí en el contexto de una época.

A la nuestra podemos caracterizarla por el aislamiento, la soledad, el aburrimiento, la distracción, la evitación de la angustia que produciría el encuentro con el cuerpo del otro y la asunción de la castración que conllevaría. Solemos destacar los efectos adictivos de las pantallas y la supresión de la experiencia de tener un cuerpo y sus afectos.

Pero también tendremos que ubicar las posibilidades que surgen en el contexto de la hiperconexión para cada uno de los jóvenes, niños y adultos que hacen la experiencia de vivir online. No restan dudas, a esta altura, de las modificaciones sustanciales que se constatan en los modos de relacionarse socialmente, en la forma de pensar, de percibir y de sentir. Se trata para cada analista, unido al horizonte de su época, de reintroducir la dimensión del cuerpo ahí donde se escamotea, señalar el goce en juego y –por la vía del síntoma– apostar al arreglo singular al que cada uno pueda arribar.

NOTAS

  1. Wikipedia –como no podía ser de otro modo–: https://es.m.wikipedia.org
  2. Término utilizado en el campo de la comunicación y las nuevas tecnologías, para definir un ambiente mediado por la web. Por ejemplo, entorno virtual de aprendizaje, que se aplica a la educación.
  3. Entrevista realizada en diciembre de 2015 por Roxana Vogler y María Eugenia Cora, en el marco del Taller de investigación del Departamento Pequeño Hans: Implicancias subjetivas en la civilización de la imagen. Paula Sibilia es especialista en Comunicación y Antropología de la UBA, radicada en Río de Janeiro.
  4. Tinta fresca. Ensayos, educación (2012)
  5. En Piscitelli, A., "La cibercultura adolescente. Nativos digitales, dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitectura de participación", Aula XXI.
  6. Se siguen en estas líneas los desarrollos de Morduchowicz, R. (2014), "Los adolescentes del siglo XXI", en Dessein, D. y Roitberg, G., (comps.), Nuevos desafíos del periodismo, Ariel ADEPA, Buenos Aires.
  7. Stevens, A., "La adolescencia como respuesta a la pubertad".
  8. Carr, Nicholas, ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales, Taurus.
  9. "Las ficciones y lo real", en "Responder al niño del mañana".
  10. "La infancia bajo control", conferencia en la UBA, 2012.

 

Más allá del horizonte
Mirta Berkoff

"Imagina que caes. Pero no hay tierra".

Asi, con estas frases, que bien podrían ser un haiku, Hito Steyerl comienza, en Los condenados de la pantalla, su planteo acerca de las nuevas visualidades. Doctora en filosofía y videoartista, nos propone pensar una caída libre a partir de que no podemos presumir que hoy haya una base estable sobre la que se sostendrían seguridades fundacionales. En el mejor de los casos, dice, podemos acometer intentos de fundamentación contingentes y parciales.

La desorientación se debe en parte, según esta autora, a la pérdida de un horizonte fijo. "Con la pérdida del horizonte comienza también la retirada de un paradigma estable de orientación que ha establecido a lo largo de la modernidad los conceptos de sujeto y objeto, de tiempo y espacio".

El horizonte, al cual nosotros podemos pensar articulado a un S1 rector, proveía el punto de vista estable en la perspectiva lineal. A partir de él el espacio se hacía calculable, predecible y navegable.

Las nuevas visualidades rompen con esa perspectiva creando hoy un espacio no medible. No hay duda de que el sentido de la orientación espacial e incluso la temporal ha cambiado en los años recientes, años de una navegación digital sin horizonte.

El tiempo de la inmediatez, el relato episódico y fragmentado, hace añicos la trayectoria de la flecha del tiempo. Tenemos la experiencia de un tiempo desarticulado en zonas digitales sin fronteras ni intervalos que operan, como dice Jonathan Crary, en un continuum 24/7 (24 horas al día ,7dias por semana). Visualidad, conectividad y velocidad ilimitada en el tiempo sin pausa del siglo XXI.

La conectividad hoy es horizontal y constante creando, según Bernard Stiegler, una sincronicidad masiva de la conciencia y la memoria. Acá podemos recordar los desarrollos de E Laurent respecto de la nueva configuración de la masa. La nueva configuración es la horizontal, la de los hermanos que se reúnen no por un líder sino por una comunidad de goce. En esta configuración horizontal no encontramos ya la identificación vertical al líder que describía Freud en "Psicología de las masas".

Podemos pensar, entonces, a la comunidad que se arma a través de la conectividad electrónica como un vínculo social que no parte de la identificación al rasgo unario sino que parte de una experiencia de goce. Una nueva configuración de la masa, la de los hiperconectados por su modo de gozar, que tienen una nueva forma de presencia, la presencia online.

En este mundo virtual de la hiperconexión que no se apoya en la identificación "las identidades vuelan". Como ha dicho Miquel Bassols."La identificación queda hoy sustituida por el avatar".

Vemos también al síntoma configurarse ya no entorno a la identificación, por amor al padre, sino por una experiencia de goce que hace acontecimiento en el cuerpo. Cuerpos que no se arman en torno a lo especular sino al triunfo de las pulsiones.

En su artículo Steyerl hace una pregunta: "¿Podemos superar la presunción de que necesitamos desde el principio una base estable?" Recuerdo cuando Miller dice "el Nombre del padre es parte de nuestra vieja caja de herramientas". Lo recuerdo en mi consultorio cada vez que me enfrento con un parlȇtre de otra lengua, uno de esos nativos digitales, que me dan la oportunidad de aprender cómo hacen para constituirse más allá del horizonte.

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud, S., Obras Completas, Vol. XVIII, "Más allá del principio de placer" y "Psicología de las masas y análisis del yo", Amorrortu.
  • Steyerl, H., Los condenados de la pantalla, "En caída libre, un experimento mental sobre la perspectiva vertical", Caja negra, Buenos Aires, 2014.
  • Crary, J., 24/7, Paidós, Buenos Aires, 2015.
  • Laurent, E., Primeras conferencias internacionales Jacques Lacan, Religión y cuerpo hablante, Internet.
  • Bassols, M., Primeras conferencias internacionales Jacques Lacan , Religión y cuerpo hablante, Internet.
  • Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Bs. As., 2013.

 

Sueño y despertar adolescente en la época
Susana Goldber

Sabemos que en la pubertad, antesala de la adolescencia, se pone en juego un real del sexo. Particularidad de un despertar sin precedentes.

Lejos estamos del Despertar de la Primavera que narraba Wedekind donde planteaba que los jóvenes no pensarían en hacer el amor sin el despertar de sus sueños.

¿Con qué nos encontramos en la clínica de hoy?

Nuevas coordenadas del malestar se edifican como respuesta a la lógica del mercado. La oferta de objetos de consumo opera profundizando la falta de goce estructural que el mercado mismo promueve.

Los mundos virtuales invitan a un ensueño perpetuo al proponer una equivalencia entre la realidad virtual y la realidad encarnada. Así, las redes sociales con sus innumerables dispositivos multimedia facilitan lazos con partenaires virtuales que operan como talismanes que postergan indefinidamente el encuentro con lo imposible del sexo.

A contrapelo de un despertar posible, vemos jóvenes sumidos y consumidos en la narcotización que intercepta la relación del objeto pulsional a lo vivo del otro en su dimensión social.

G. Trobas, al hablar de una perturbación generalizada de la fase de latencia freudiana , plantea la evidencia de "… jóvenes que están masivamente proyectados hacia una anticipación virtual de la genitalidad y de los fantasmas sexuales de los adultos". [*]

Sin embargo, aunque se suele hacer hincapié en el costado denostado del impacto de las redes en la subjetividad de la época, no debemos dejar de lado la vertiente instrumental del uso de los dispositivos multimedia, en su pliegue facilitador, que en muchos casos ofrece la oportunidad de establecer un lazo que de otra manera resultaría un obstáculo insalvable.

Jóvenes que se sirven de este dispositivo, no solo para establecer un lazo al otro en la dimensión del amor sino para poner en juego la singularidad de su goce. El encuentro con un partenaire –en principio virtual– suele tener la particularidad de operar como un lazo que permite lograr arreglos con su goce y posibilitar ulteriormente el encuentro en la vida real.

¿Cómo operar desde el psicoanálisis ante estas nuevas presentaciones?

El analista, en la medida en que se orienta por lo real, apuntando al despertar, no puede sino estar atento a las vicisitudes del malestar en la época para operar alojando los nuevos desafíos que la misma propone.

* Guy Trobas, "La crisis de la adolescencia precoz", Revista Lacaniana Nro. 19.

 

La fuga en el espejo [*]
Alma Pérez Abella

Este título es equívoco. Por una parte, los espejos –ahora en formato de pantallas– reflejan mundos a partir de los cuales cada sujeto construye un ser, se ofrecen como remedio al malestar. Remedio que, como en toda época, es un paliativo ante lo real, un intento de pacificación, que ahora se busca y encuentra por los caminos de lo imaginario, a través de múltiples espejos-pantallas que dan a ver, sin fin, como la red.

Pero hablar de fuga en el espejo, también puede aludir a lo que precisamente una imagen no puede capturar, a aquello que, del espejo, se fuga. Es en ese punto de fuga, que se ubica detrás del espejo, y no en lo que el espejo refleja, que aparece aquello que al espejo le resulta clandestino. Eso que por más iluminado que sea, aparece en sombras, ajeno, extranjero, éxtimo y que no permite más que eco, nunca imagen ni palabras precisas que lo reflejen. Por eso, ese cuerpo, es siempre Otro para el sujeto.

Entonces, tenemos por un lado los fugados a través del espejo, allí donde las imágenes vienen a velar lo real y, por otra parte, lo que para todo sujeto, siempre, se fuga del espejo, es decir, el punto en el que la imagen se toca con lo real haciendo aparecer el goce.

Las relaciones con los otros, en el plano más imaginario, quedan sujetas a un movimiento que va de la fijación a la forma de totalidad que tiene como afecto principal el júbilo; la agresividad cuando entra en juego el otro de la pareja imaginaria, lo que aparece es el odio; y la extrañeza al percibir el desdoblamiento a partir del cual se ha constituido, la división que da paso a la angustia. Imagen y falta se anudan. Ahora bien, ¿qué sucede cuando lo que está en primer plano es el cuerpo de goce, el cuerpo hablante?, ¿qué lazo se vuelve posible?

Para pensar esta cuestión, podemos tomar como ejemplo, lo que sucede con ciertas comunidades que tienen su soporte en las redes (blogers, youtubers, etcétera). Lo que se produce en estas comunidades no está ligado a la búsqueda de identidad vía la identificación al interior de un grupo, en este sentido, las coordenadas freudianas para leer estos fenómenos nos quedan apretadas. Otra vía para interpretar estos fenómenos es pensarlos a partir de lo que Lacan denominó hacia su última enseñanza como "modo particular de goce". Se trata de comunidades que le permiten a los sujetos autodesignarse, autonombrarse, a partir del modo de goce, el cual no se articula directamente con la búsqueda de modelos de identificación. La referencia a un ideal está ausente, vale recordar que el ideal era lo que Freud ubicaba como aquello que produce la ligazón del grupo a la vez que reviste, dando un estilo y orientación, a las exigencias del superyó.

Las comunidades actuales, al igual que sus síntomas, reflejan que ya no son las grandes instituciones las que prevalecen en la dinámica social, sino las pequeñas entidades que han ido apareciendo progresivamente en todos los campos (sexuales, religiosos, deportivos, sectarios). Para interpretar esto, se vuelve imprescindible tener en cuenta la influencia que tienen sobre los cuerpos la ciencia y la tecnología. Cuestión central para pensar, no sólo los síntomas con los que llegan los sujetos a la consulta, los modos de transferencia y las posibilidades de intervención, sino también, los efectos de eso a nivel de la constitución del hablante ser en la época de la hiperconexión.

* Trabajo presentado en el VII Enapol, "El imperio de las imágenes", San Pablo, Septiembre de 2015.

 

Sexualidad virtual: estrellas fugaces y tigres de papel
Pedro Pablo Casalins

En períodos de transición coexisten operadores y funciones variables en su eficacia para ordenar y facilitar intentos de hacer existir la relación sexual, en encuentros más o menos logrados. Es lo que ocurre en la clínica actual, en paralelo con la aparición de dispositivos y plataformas virtuales que permiten el ejercicio de la sexualidad. Por lo que en este reducido abordaje elegimos privilegiar casos en que es manifiesta la deflación de la eficacia y operatividad de dichas funciones y en los que se apela a recursos tecnológicos que le dan una impronta diferente. Esta aproximación no pretende ninguna generalización, sino pesquisar ciertos aspectos parciales que ponen de manifiesto esas nuevas modalidades apoyadas en la tecnología. Tengamos presente que ponemos en primer plano las consecuencias que afectan al cuerpo, que no por nada Lacan refiere su pertenencia a la entidad estoica de los incorporales, que es su modo de reafirmar que no tenemos cuerpo sino por su incorporación por lo simbólico, en ese encuentro con lalengua, y que por ello deviene superficie de inscripción y experiencia de los afectos. Incluido el goce, ya sea en su vertiente de sentido o en su rellano opaco; ante el que el espejo o el velo flaquean para darle consistencia y orientación a esa posesión del sujeto que es su cuerpo sexuado.

En la actualidad tengamos en cuenta que esto va a la par de una exigencia de inmediatez de goce que, insuflada por un narcisismo creciente, apega al sujeto a la promesa de satisfacción que promueve una imagen en la pantalla. Nos encontramos así con sujetos que no están exentos de pasajes al acto violentos si no a inhibiciones intensas cuando se encuentran con una mujer, porque allí se hace patente su impotencia para vérselas con el goce femenino fuera de la regulación fálica. Y del lado de ellas, la sensación de vacuidad, sinsentido de la vida y perturbaciones corporales inespecíficas que derrama su propia inestabilidad identitaria, las expone a malas experiencias en su búsqueda de compensar esta dificultad. Para entender esto vale recordar que para Lacan el sinthome de las histéricas se sostiene a partir de lo que llama "armadura del amor al padre", que por la labilidad que presenta esta función en aquel que la encarna en muchos casos tales fenómenos son cada vez más frecuentes. Pudiendo ser compensados haciendo de su pareja una extensión de su narcisismo, apegándose a él no por un amor factible por relación a su castración, sino con la exigencia de condiciones que su pareja debe cumplir. Redoblando de este modo su anhelo de una configuración tal que hace del hombre un componente más de su pequeño escabel. Solución que suele durar poco, por lo que sus relaciones suelen ser múltiples y efímeras. Por otro lado, ellas solo con dificultad pueden sostener las vertientes idealizantes o de condición de objeto del fantasma del hombre cuando se prestan a estas prácticas virtuales. Digo se prestan, no solo porque suelen hacerlo respondiendo a requerimientos masculinos sino incluso porque cuando son por iniciativa propia solo es en búsqueda de semblantes para darle un poco más de consistencia a su cuerpo y evitar extravíos en encuentros que suele postergar o limitar.

Para retomar consideraciones respecto a los hombres, tratamos de extraer de la película Don Jon algunas enseñanzas. Su interés radica en que el protagonista no tiene dificultades para tener encuentros sexuales con mujeres; por el contrario, estos son múltiples y con mujeres bonitas que conquista con frecuencia, aunque le son indiferentes. Pero no es de estos encuentros de los que goza, ya que los mismos se realizan al modo de cuidadas proezas destinadas a darse y sostener el mote de Don Juan ante sus amigos, es el trabajo con el que paga lo que obtiene de ello. Y es a esto a lo que dedica estas hazañas, engrandecer su narcisismo y obtener un goce de su posición contemplativa. Lo que, además, le permite mantener en secreto su intensa práctica masturbatoria con la que realmente goza, apelando a películas pornográficas que le brindan fantasmas preconcebidos por otros. El encuentro con dos mujeres muestran un cambio en su posición. Una, del tipo descripto más arriba y que dura poco, respecto a la cual él se somete a sus intentos que asuma semblantes normativos, ajenos a su interés y que lo conmina al abandono del autoerotismo. La otra, una mujer madura, se le presenta atravesada por una tragedia, una falta crucial para conmoverlo de su posición junto al hecho que no le exige dejar su adicción por la pornografía; sino que con una pregunta, que le vale como interpretación, la práctica compulsiva de la masturbación se hace síntoma y lo advierte de la imposibilidad que esa práctica le introduce para gozar de una mujer. De este modo, la pornografía, que sostiene su autoerotismo, deja de ser una defensa ante el goce femenino y él, un poco menos idiota ya, pareciera estar en mejores condiciones, vía el amor, de hacer condescender el goce al deseo con una mujer singular.

 

¿Nuevas tecnologías en transferencia?
Etel Stoisa

Philippe Lacadée [1] al referirse a los sufrimientos modernos de los jóvenes menciona una crisis de la lengua articulada. No solo en los jóvenes, también en los niños constatamos en la experiencia analítica cierta precariedad respecto de la lengua, un uso de la lengua y del significante que no se ordena por el régimen del Padre, del discurso del Otro, de la cultura del Ideal. Ya sea por rechazo o por ausencia de animación del Otro parental, la palabra resulta devaluada, sirve poco o nada. ¿Cómo operar entonces desde el psicoanálisis, una práctica de la palabra? ¿Cómo sostener una ética orientada por lo real, una ética que apueste al serhablante? El discurso de la época con su empuje a un goce acelerado e ilimitado se sirve de las nuevas tecnologías, dificultando con frecuencia, la articulación de la lengua y propiciando el autismo del lazo.

Sin embargo, la conexión a través de los dispositivos virtuales es también la ocasión de iniciar un encuentro con el otro, con el saber, con un partenaire posible…

¿Los dos rostros de Jano?

Con Lacan privilegiamos la política del psicoanálisis respecto de las estrategias y aún de las tácticas. En nuestra práctica no desestimamos el uso de las nuevas tecnologías si se trata con ello de hacer hablar el padecimiento que mortifica al sujeto en su cuerpo, en sus vínculos, en sus pensamientos. La angustia –el afecto– y los afectos: la tristeza, el malhumor, la alegría, el dolor, emergen en la sesión por skype, en el chat por whatsapp. La transferencia juega su partida y la presencia del analista está allí aportando la mirada y la voz para perturbar, para interferir en la contingencia el goce en exceso.

Frecuentemente el uso del whatsapp con el joven puede sostener el lazo transferencial más allá del ámbito del consultorio.

En ocasiones la computadora en sesión hace posible la construcción de ficciones que tocan un real en juego y conmueven la fijeza de una satisfacción invalidante.

La intervención analítica vía skype puede dar lugar al acotamiento y aún a la remisión de fenómenos de angustia. En niños cuya aprehensión de la lengua se encuentra fuertemente incidida por las diferentes variedades de pantalla y en adolescentes hiperconectados, la presencia del analista vehiculizada por este medio, puede en oportunidades, operar sobre aquellas respuestas subjetivas que los precipitarían en actings, pasajes al acto o autoagresiones en el cuerpo.

¿Incidir en el malestar de la época, en la singularidad de la experiencia, no es acaso nuestro desafio? ¿De qué modo las nuevas tecnologías pueden permitirnos reinventar nuestras raíces freudianas, la talking cure?

NOTAS

  1. Lacadée, P., "Los sufrimientos modernos de los jóvenes", Psicoanálisis con niños y adolescentes 4. Incidencias de la última enseñanza de Lacan en la práctica, Grama, Departamento Pequeño Hans, 2014.

 

Comandante comandado
Claudio Spivak

Asistimos, en nuestra época, a un doble movimiento a nivel del lazo social. Por un lado, nuestros sujetos contemporáneos, desengañados del Otro, se presentan divorciados del Ideal y de la represión. Ellos pueden prescindir del Ideal y de los otros. Por otro lado, con el ascenso al cenit social del objeto a, plus de gozar, se establece el lazo con este objeto artificial y hay una permutación de la represión por el empuje a gozar. Aquí no se trata de permiso sino de un imperativo.

Con esto, a nivel del goce, hay una economía del Otro y de los otros, mientras que, por un cortocircuito, se puede acceder a un goce directo en soledad, a través de los objetos producidos por la ciencia. Hemos, entonces, llegado desde la represión social del goce, pasando por el permiso, a la satisfacción como imperativo.

Este imperativo de goce, que comanda al discurso actual, se ha conectado con la producción. Se trata de la producción basada en el goce, la producción acelerada del objeto a, a manera de tapón. Esta producción del objeto a, "tapa-agujeros", comodín, se propone e impone para obturar el agujero imposible de cerrar de la no relación sexual. Así la ciencia provee y la tecnología produce un equipamiento para entretener el hambre de la relación que no hay.

Cabe aquí distinguir dos estatutos diferentes del objeto a, aun cuando su estructura fundamental sea la misma. El objeto a, causa de deseo, puede ejemplificarse con la contingencia del encuentro de Dante y Beatriz. Allí bastan tres guiños para que ese objeto a de la mirada, exquisito, se desprenda y Dante quede fijado a ella, a esa única, para toda la vida. Por el lado de la producción basada en el goce, lo característico del objeto es su indiferenciación y su numeración, lo cual lo hace comparable, evaluable, de donde surge el cálculo de su rendimiento y de la relación costo-beneficio.

Es bajo el modo de la producción intensiva que se multiplican las imágenes del nuevo imperio. Se trata de imágenes digitales, virtuales, obtenidas por la transformación de una matriz numérica en píxeles, que vemos en las pantallas que nos miran.

En esta matriz numérica hay una relación con los significantes amos que comandan nuestra época. Señala Miller al número como uno de los significantes amos que ha ascendido al cenit social. Tenemos así un cielo poblado, que da cuenta de la fragmentación de las identificaciones.

Identificaciones y comando

Miller nos propuso un modo de pensar la relación de los sujetos con el S1. Así nos presenta un movimiento que podemos pensar de tres tiempos en la enseñanza de Lacan.

El primer movimiento lacaniano es el de aislamiento y localización del S1 como significante central de la identificación. Este S1 queda comandando al discurso del amo. Este discurso del amo es caracterizado como "pre-moderno".

En el segundo movimiento nos indica que, apenas aislado ese significante central, Lacan lo pluraliza. Ese movimiento de pluralización de S1 se hace oír en la expresión "enjambre". S1 hay varios y nada asegura que no sean caóticos, aunque el enjambre se desplace agrupado. Es el pasaje de lo Uno a lo múltiple.

El tercer movimiento es el esbozo del discurso capitalista. Este discurso implica la permutación del S1 y el sujeto, pasando el sujeto al lugar del comando. En dicho movimiento, hay la promoción de un sujeto sin punto de referencia identificatoria. Un sujeto sin referencias pasando al comando. Desde allí el sujeto sueña con poder comandar sus propias determinaciones.

Y esto sin olvidar que se establece la conexión del sujeto y el objeto a. Algo que reaparece en el discurso hipermoderno.

Mientras las imágenes proliferan como pequeños ideales, los sujetos de las sociedades tardocapitalistas pasan más tiempo en chats, en Internet, en juegos en red, o solos frente de la televisión. Estas pantallas miran a los sujetos, y al mismo tiempo que promueven objetos producidos para el consumo, promueven modos de gozar. En esas imágenes el sujeto encuentra sus nuevas referencias y las orientaciones para su goce.

Así nuestras sociedades tardocapitalistas han invertido el clásico esquema de oferta y demanda. Los mercados producen actualmente demanda, sujetos que demanden objetos. Esta modalidad de oferta esconde que el objeto promovido es el sujeto mismo, como objeto de goce de las pantallas y de los productos que ellas proponen e imponen.

Allí el sujeto obedece sin cesar, creyendo comandar.

Nuevas oportunidades y adicción

La caída de las viejas identificaciones de la tradición, marcadas por la represión, implica nuevas posibilidades para los sujetos y un doble juego. Por un lado la promoción de sujetos más flexibles en relación a los ideales y para aprovechar estas nuevas oportunidades identificatorias. Surgen nuevas ofertas identificatorias, menos costosas, que suponen un esfuerzo de creencia menor. Este fomento identificatorio se apoya, muchas veces, en imágenes y breves saberes y, otras veces, en slogans que recuerdan a la publicidad o provienen directamente de ella. A partir de estas se arman comunidades de opiniones transitorias e inconsistentes. Los sujetos pueden participar de diversas comunidades, a veces contradictorias, y de lazos efímeros.

Por otro lado, la ausencia de los límites que mantenía al sujeto fijado a identificaciones fuertes hace que los sujetos contemporáneos sean más sensibles al imperativo de goce del superyó.

El declive del modelo superyoico de la represión tiene como contrapartida el empuje superyoico a gozar. La prohibición y el empuje a gozar son dos caras del superyó. Siendo así, el impacto del superyó sobre los cuerpos produce la búsqueda de un significante amo que pueda organizar el mundo más allá de las identificaciones tradicionales. El sujeto contemporáneo, entonces, se encuentra mal equipado para hacer frente a la tiranía del superyó; tiene pocos significantes amos firmes para orientarse y defenderse, y una gran oferta de identificaciones devaluadas.

Solidariamente, la producción basada en el goce, con objetos caracterizados por su indiferenciación y su numeración, explica Miller, conlleva una manera de gozar cuyo modelo general es el de la adicción. Aquí tenemos que entender adicción como conducta repetitiva y como conducta que sigue el modelo aditivo, de adición. Se trata de una relación con el objeto de producción donde se conjugan la sumatoria, el agregado de la adición, y afición que implica la adicción.Entonces nos encontramos con sujetos más flexibles en cuanto a la identificación y los ideales, que pueden prescindir de las identificaciones tradicionales, pero más expuestos a las exigencias de goce y más proclives a establecer relaciones de adicción con los objetos de consumo.

BIBLIOGRAFÍA

  • Laurent, E., Conferencia en Patologías de la identificación en los lazos familiares y sociales. Grama, Buenos Aires, 2007.
  • Laurent, E., "El objeto droga en la civilización", Salamone, L. (comp.), Pharmakon 12, Grama, Bs. As., 2011.
  • Miller, J.-A., "Intuiciones Milanesas", Cuadernos de Psicoanálisis 29, Eolia, 2004.
  • Miller, J.-A. (2004), "Una fantasía", Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Año 3. N° 3, 2005.
  • Miller, J.-A., Curso de orientación Lacaniana, 2007-08. inédito.
  • Miller, J.-A. (2013), Piezas Sueltas, Paidós, Bs. As., 2013.

 

Cuerpos hiperconectados
Ana Cecilia González

La red es ante todo hipertexto, "un sistema de organización y presentación de datos que se basa en la vinculación de fragmentos textuales o gráficos a otros fragmentos, lo cual permite al usuario acceder a la información no necesariamente de forma secuencial sino desde cualquiera de los distintos ítems relacionados". [1] Para decirlo en nuestros términos: la red es una sintaxis de grado cero entre palabras e imágenes, en la que las combinaciones entre términos pueden dispersarse en todo los sentidos, deslizarse en cualquier dirección, como una metonimia arborescente, sin líneas de subordinación jerárquica.

Que la red suponga una sintaxis implica que es una suerte de lengua que hablamos, como cualquier otra, sin saber lo que decimos, siempre diciendo más y otra cosa de lo que queremos decir. De hecho, a los chicos de las nuevas generaciones se los denomina "nativos", es decir, aquellos que han incorporado la lengua de la red de entrada.

Por otra parte, como articulación discursiva, la red también promueve y regula los lazos entre sujetos A tal fin se convierte en plural y se apellida "sociales". Y en ese ámbito los efectos del sujeto del inconsciente pululan, abriendo nuevas posibilidades a la psicopatología de la vida cotidiana. La red incluso emula su lógica cuando la afanisis se vuelve soporte de la aplicación en boga, la cual hace circular un mensaje que se borra una vez que llega al receptor.

Además, puesto que configuran una modalidad contemporánea del lazo social, las redes también juegan un papel central en la disputa por el sentido. Al punto que ya a nadie parece sorprender que la contienda política se mida en tweets, o que un trending topic pueda llegar a torcer los resultados en unas elecciones.

Por supuesto, el pensador avant la lettre de la red fue Gilles Deleuze, quien junto a Felix Guattari, promovieron la noción de rizoma, [2] con el inmanentismo reivindicativo que tomaron de Spinoza. De Deleuze y Guattari a Toni Negri y Michael Hardt, la red devino Multitud, [3] figura metafórica de una emancipación siempre por venir. Y en efecto, la red se presenta disfrazada de utopía, la de un mundo puramente significante, global, en la que todas las direcciones son posibles, sin límites, neutral y al alcance de todos y todas.

Pero la utopía se trastoca fácilmente en distopía, sin solución de continuidad, como la hormiga de Lacan caminaba por la banda de Moebius. La red es también la prisión más sutil y efectiva, imperceptible telaraña biopolítica en la que somos sujetos de un control que haría palidecer a Michel Foucault, porque supera con creces el panóptico. No en vano su origen fue un programa militar. No en vano la difusión exponencial de un contenido se denomina "viralizar".

Frente a este panorama se vuelve necesario, casi diría urgente, formular la pregunta lacaniana, es decir, la que funda nuestra orientación: ¿qué es lo real de la red?, ¿cuál es el real que la agita?, ¿dónde está lo que "se pone en cruz para impedir que la cosas anden" [4] en este universo que alucina lo ilimitado?

El 1929 Freud vaticinaba la figura del humano como dios-prótesis. Pero no es este el humano de la red. La red está hecha de cuerpos, tan sólo cuerpos. Por más esterilizada y neutral que se pretenda, está hecha de cuerpos hablantes, y con ellos todos los enredos, desastres, excesos y paradojas del goce. Cuerpos hiperconectados, ¿invención de la sustancia gozante en el siglo XXI?

NOTAS

  1. La definición, por supuesto, es de Wikipedia.
  2. Deleuze, G. y Guattari, N. (1988 [1980]), Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia, Pre-textos, Valencia.
  3. Hardt, M. y Negri, A.(2004), Multitud: Guerra y democracia en la era del imperio, Debate, Madrid.
  4. Lacan, J. (1975), "La tercera", Lacaniana Nro. 18, 2015.

 

El tiempo de comprender en la Hiperconexión
Giselle Canteros

WhatsApp es la aplicación de mensajería más famosa y ya tiene alrededor de 800 millones de usuarios activos en todo el mundo. El "visto" o también llamado "leído" consiste en dos líneas azules que corroboran al emisor del mensaje que el receptor efectivamente ha visto su mensaje, esto es, que ha llegado bien a destino y ha sido leído.

Desde que esta opción del "visto" fue parte de la aplicación rápidamente se ha viralizado la frase: "No me respondió y encima me clavó el visto" o simplemente "Me clavó el visto". Y luego tantas interpretaciones posibles sobre esa no respuesta inmediata como de singularidades se traten.

Esto es, al emisor no se le ha respondido inmediatamente al instante siguiente de que envió el mensaje y encima tiene la prueba fehaciente de que ha sido visto, con su interpretación siguiente de por qué no le respondió rápido.

Considero pertinente interrogar qué estatuto tiene en ésta época de la hiperconexión el tiempo de comprender: ¿Es una época que prescinde del tiempo de comprender? ¿Y si se prescinde de él, qué consecuencias para la subjetividad? ¿Estamos asistiendo a una nueva transformación, en este caso, del tiempo y la vida?

En su escrito "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma", [1] Lacan considera la inclusión del tiempo en la lógica, haciendo de él una estructura dialéctica. Distingue dicha estructura en tres momentos: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Asimismo por medio del sofisma de los tres prisioneros demuestra que se trata ni más ni menos que de una lógica intersubjetiva entre el aguardar y el precipitarse; y que sobre esta lógica se estructura la acción humana.

En la hiperconexión, con todos sus puntos interesantes y favorables, pues no se trata de demonizarla, pareciera que comanda la prisa, la exigencia de un estado que siempre debe ser el mismo: online; y la vertiginosidad con la que la información circula no facilita ninguna pausa.

Por tanto si la estructura de la acción humana se trata de una lógica intersubjetiva encontrada entre el aguardar y el precipitarse, ¿cómo arribar a un momento de concluir si el aguardar está suspendido?

Tal vez el diván y el encuentro con un/a analista sea todavía hoy un lugar para estar offline un rato y facilitar esa otra dimensión, la atemporalidad del inconsciente.

Hacerle lugar a la pausa, al tiempo de comprender, en este nuestro tiempo comandado por la prisa, y la alegría consumista, no es nostalgia, puede ser un acto político.

NOTAS

  1. Lacan, J., "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma", Escrtios 1, Paidós, Buenos Aires, 2011, p.193.
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