Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
MALESTAR EN LA CIVILIZACIÓN
Transitar la vida dignamente
Elsa Maluenda
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El circo de la alegría
Acrílico sobre tela
200x200 cm | 2008

El filósofo italiano Antonio Gramsci, en un texto titulado "Odio a los indiferentes", publicado el 3 de abril de 1917, hace casi 100 años, escribió: "Vivir significa tomar partido, y no hacerlo es ceder ante la fatalidad".

Un nombre neurótico para la fatalidad suele ser el destino, entendido como una determinación malévola contra la que nada es posible salvo aceptarlo. Entonces, la dignidad queda abolida y, en su lugar, encontramos impotencia y resignación; indiferencia, en palabras de Gramsci.

Por su parte, el psicoanalista argentino radicado en España Jorge Alemán, en su libro Lacan, La política en cuestión, [1] parte de los tres imposibles que Freud planteara en "El malestar en la cultura" [2] con la idea de acercar ese escrito a las problemáticas de nuestro siglo XXI enumeradas en Para una izquierda lacaniana:[3] el hundimiento de la ficción simbólica, la irreductibilidad del mal, el fin de la utopía, la precariedad y contingencia de la ley, y las nuevas identidades construidas según los modos de gozar.

Nos detendremos en uno de los aspectos que Alemán toma del texto freudiano, leído con las herramientas de la orientación lacaniana: la pulsión de muerte, ese elemento irreductible que arrasa con cualquier idea de progreso civilizatorio. Esta constatación ha devenido en escepticismo y también en posiciones conservadoras que ante cualquier intento de transformación colectiva advierten sobre el peligro del retorno feroz de aquella. Ante esto, Alemán señala que el "desafío implícito en el texto freudiano es cómo pensar entonces una lógica emancipatoria que no esté gobernada por la metafísica de la revolución, del progreso o de la utopía". [4] Tal gesta emancipadora no estará dirigida a un poder opresor sino a transformar la exigencia pulsional en una ética que, parafraseando a Freud, enuncia así: "Allí donde los mandatos del capitalismo ordenan gozar con la pulsión de muerte, el deseo del pueblo debe advenir". [5]

En este sentido, una ficción contemporánea servirá de ilustración. La escritora española Almudena Grandes, en su novela Los besos en el pan, [6] se ocupa de la crisis económica, política y social que atraviesa a su país, y lo hace poniendo el foco en los habitantes de un barrio de Madrid, que también podrían ser los de un barrio porteño o de cualquier otro lugar donde impere la lógica del capitalismo.

Dice: "En este barrio viven familias completas, parejas con perro y sin perro, con niños, sin ellos, y personas solas, jóvenes, maduras, ancianas, españolas, extranjeras, a veces felices y a veces desgraciadas, casi siempre felices y desgraciadas a ratos". [7] La "nueva pobreza", así la llama, los ha tomado por sorpresa y están desorientados y confusos, después de décadas de olvido sistemático de los tiempos de la guerra civil y sus consecuencias, transformados en consumidores indiferentes. Tiempos olvidados porque era necesario olvidar lo malo, pero el olvido se llevó también lo bueno. Aquel país de la guerra y la posguerra donde "la pobreza no era un motivo para avergonzarse, mucho menos para darse por vencido" [8] donde había dignidad y no había docilidad. ¿Qué quiere decir entonces "nueva pobreza"? Para Alemán hay una metamorfosis de la pobreza: "la pobreza era un signo menos, era algo que se ajustaba a la definición clásica de Marx de la ´no satisfacción de las necesidades materiales'. Hoy en día, la pobreza es un exceso, es un exceso de goce, no está por fuera de los empujes propios de una instancia superyoica que ordena gozar". [9]

Y ¿cómo se las arreglan los personajes de la novela? Podríamos decir que cada uno encuentra una solución, que no es sin los otros. La autora muestra una construcción de nuevos lazos que, de algún modo, intentan transformar la matriz circular del discurso capitalista o, en términos freudianos, el movimiento circular entre el superyó, la renuncia y la pulsión. Transformación que incluye la angustia, la diferencia y lo singular.

Estos personajes ¿ficcionales?, seguramente suscribirían a esta definición de Jorge Alemán: "…sigo obstinadamente pensando que el capitalismo es una realidad histórica contingente. Rechazo la idea de eternidad para el capitalismo", [10] y con Antonio Gramsci demuestran que no ceder ante la fatalidad es una buena forma de tomar partido por la vida.

NOTAS

  1. Alemán, J., Lacan, la política en cuestión…, Grama, Buenos Aires, 2010.
  2. Freud, S., "El malestar en la cultura" (1930), Obras completas, Vol. XXI, Amorrortu, Bs. As., 1993.
  3. Alemán, J., Para una izquierda lacaniana…, Grama, Bs. As., 2009.
  4. Alemán, J., Lacan, la política en cuestión…, op.cit., p. 75.
  5. Ibíd., p. 76.
  6. Grandes, A., Los besos en el pan, Tusquest, Bs. As., 2015.
  7. Ibíd., p. 18.
  8. Ibíd., p.17.
  9. Alemán, J., Lacan, la política en cuestión…, op.cit., pp. 78-79.
  10. Ibíd., p. 88.
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