Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
SALA DE LECTURA
El Niño –Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Niño. Publicación del Instituto del Campo Freudiano– Nro. 14
¡A la salud de todos! / Niños saturados / Humor de amplio espectro-Tratamiento prolongado
Por Alejandro Daumas
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El Niño –Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Niño. Publicación del Instituto del Campo Freudiano– Nro. 14La revista El Niño, publicación del CIEN, fue y es para mí una revista que siempre quiero tener en mi biblioteca.

El número 14 es ya el cuarto de la nueva serie, manteniendo un diseño constante que se ha modernizado sin perder ese elegante estilo de su fondo negro y fotografías de niños, niñas o jóvenes, entre los cuales se reconocen en más de una ocasión niños cercanos a algunos colegas.

Pero este es sólo el comienzo del encuentro con un buen objeto, ameno, que se lee con placer -pese a los nudos de los sufrimientos subjetivos de los niños- y también se lee con placer el deseo en que se sostienen las experiencias de los Laboratorios.

La inter-disciplina planteada aquí no es una "querella de las racionalidades" sino una apuesta diáfana a la singularidad de cada niño. Este número se ocupa fuertemente de ello, contraponiéndolo al "Diagnosticar y medicar", ejemplo que me interesa señalar como un capricho disparatado de la medicalización de la existencia.

Para sugerir una lectura de esta edición, la palabra que cabe es "variaciones", en su sentido musical: "Lo que liga a todas ellas no es una melodía común sino un fondo armónico común, las melodías pueden variar pero subyace siempre un tema constante". Desde el placer del canto, "El gusto por el vaivén" de Beatriz Udenio, sostiene con voz firme la apuesta del CIEN. Un testimonio que se orienta por el rasgo de excepción, teniendo absolutamente anudados la relación a la política y a la práctica del psicoanálisis, junto con cierta virtud sofistica de apostar al dialogo construido, así como a un "inter" o un "entre" que acoge en los bordes: "lo que permite hacer algo con lo insoportable".

El excelente artículo de Miquel Bassols orienta con una indicación precisa: "Lo que hace singular a cada sujeto: cómo es tocado, de una manera excepcional siempre, en su cuerpo, por la lengua", siendo fundamental entender que "devolverle al niño su condición de sujeto" hace a la singularidad del mismo.

Así, desde la pediatría, Elisa Giangaspro, propone "Otro modo de ser médico": una indagación sobre el arte de hacer en pediatría donde el estatuto de sujeto es lo más presente frente a lo que acalla o estigmatiza al niño.

Los trabajos "Niños hipermodernos, niños medicados" y "Disruptivos, desadaptados y perturbadores…", nos muestran lo que el psicoanálisis quiere poner en primer plano, en una época de deriva hacia la medicalización de la infancia, donde el síntoma, tomado como un trastorno del organismo, queda limitado a las coordenadas de la biología o la genética. Criterios como desobedecer, enfadarse o engañar, son incluidos en el manual DSM y esto es, en definitiva, lo que hace que surja una nueva categoría clasificatoria: el desorden disfuncional del carácter con disforia. Una de las más peligrosas y pobremente concebidas sugerencias para el DSM5. Mal orientada medicalización de los exabruptos del carácter que, en el campo de la infancia, es devastador.

Los acordes de estas melodías muestran en su tensión la dureza y el estrago. Sin embargo, un tema constante se impone: el niño pone en evidencia la primacía de la relación del sujeto con el discurso del Otro, de manera tal que él muerde su época. Está tomado, enredado, en el destino que se ha figurado por el estilo de su época (no olvidemos que el niño es el sujeto contemporáneo por excelencia). Y ante este orden de cosas: los detalles, los impasses y el lugar para la invención en los casos trabajados, tanto en las Jornadas del CIEN como en los que recorren con un ajustado criterio cada uno de los Laboratorios.

Nos encontramos con el humor, el arte, las lecturas recomendadas y la sorpresa de aquel detalle que despierta.

Destaco la firme posición de Mariana Weschler y Miguel Gallardo, que, al modo de una suite musical, saben hacer escuchar con valentía la forma tan singular en que han alojado a sus hijas. No hay duda: sus libros son una lectura que desprendo como recomendación a todo aquel que trabaje con niños.

Este número de El Niño, como así también la apuesta de los Laboratorios, incluye muy diversas prácticas, desde la enfermería hasta las residencias, siendo sus participantes quienes dan testimonio de cómo el psicoanálisis ha contribuido a arreglárselas con el oscuro lugar en que la civilización sumerge a los pequeños parlêtres. Es así que la revista se lee y se disfruta en su sonoridad, en sus variaciones tonales, en cierta polifonía que, de alguna manera, muestra que: "No se trata de lo que hacemos aquí, sino de lo que sucede en el mundo en que vivimos. Que en él se profiera un ruido bastante vulgar, no es razón para que no escuchemos." (Jacques Lacan)

Una revista que le hace frente al ruido del mundo ofreciendo melodías, risas, voces que enseñan… o que piden la dignidad del silencio (Entonces: shh!), así como en alguna ocasión, muy al inicio de este camino del CIEN, hace ya 20 años, fue al compás de otro ritmo y por otras razones: el hip hop, su modalidad de canto.

Leer El Niño, interesarse en sus artículos, entender sus detalles, hace a una rica experiencia contemporánea, "viendo" o escuchando entre sombras y tratando de influir sobre ellas.

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