Julio-Agosto   2016 • Año XV
#32
SALA DE LECTURA
Surviving Anne
Gustavo Dessal, Karmac Books, Londres, 2015
Por Laura Arias
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Surviving AnneSurviving Anne, la nueva novela de Gustavo Dessal, editada en Inglaterra a finales de 2015, es una travesía cuya potencia y habilidad narrativa consiguen aunar diversos matices de escritura. Así, se entrecruzan tonos de novela y ensayo con otros de historias y dramas existenciales, a lo cual se incorporan magistrales pinceladas autobiográficas. Esta obra es, pues, un rodeo en torno a un objeto "novela/historia".

El desaliento vital, la asfixia provocada por el fracaso existencial, prestan al autor, al igual que en el caso de Thomas Mann, el empeño por explorar el exilio del hombre en la Tierra. La travesía está llevada con buen manejo de tensión y suspenso. Envuelta en una prosa elegante y discreta, en Surviving Anne confluyen varias historias ("narrador-autor y personajes") y revela un producto de historia personal enmarcada en el acontecimiento de la Historia: la Shoá. Novela generosa, ofrece un festín de lucidez, un texto perfectamente estructurado: a través de los personajes, muestra con inteligencia el absurdo de las acciones humanas y decodifica, a la vez que resalta, el impacto de la Shoá sobre el hombre.

Encuentro en Surviving Anne un empuje que, al desplazar la atención narrativa hacia el padecimiento subjetivo de los personajes, sin prejuicio de la trama externa y de los sucesos históricos, suma materiales para tensionar la estructura de la novela. Así, el punto de vista, tal y como lo entendieron otros autores, suplanta la omnisciente mirada del narrador que todo lo ve, todo lo decide, en un movimiento en el que el narrador, por momentos, desplaza en los hechos al autor.

Los personajes de Anne expresan la incertidumbre y el desaliento en una orientación que problematiza la existencia con talento estético y profundidad psicológica. El abismo que describen hace que esta novela tenga significado para quienes han leído a Kafka, a Jorge Semprún, a Primo Levi, entre otros. Pero, a diferencia de ellos, el narrador ofrece aquí al lector, a través de un fino trabajo de escritura, herramientas que posibilitan otra economía del dolor: "pero -le dice a Anne- tiene que decidir si va a consumirse en ese dolor, o si va a luchar para encontrar un nueva forma de existencia".

Del conjunto de voces, destaco la voz del narrador-autor. Esta novela ofrece un gran logro y algo poco frecuente: encontramos un psicoanalista que "se cuenta" y expone, amable y ampliamente, historias de vida y de su experiencia profesional. Están presentes, aunque no explícitamente, los autores, textos y vivencias que han marcado la vida del narrador-autor, quien se inclina hacia las variables emocionales y los estados anímicos de los personajes, buscando esas marcas con más tenacidad que el despliegue externo de sus acciones. Aunque ya no sea posible hablar de vanguardias de un modo ingenuo, la proyección del pesimismo creciente, que se adueñó del hombre al comprobar su intranscendencia, y el desaliento sobre la esperanza, indican que la actualidad de esta novela viene de ese universo oculto que sugiere la literatura del siglo XX; contiene el relato de aquellos que no logran sobrevivir a las precariedades de la vida, de "los que se hunden", pero también de "los que se salvan". El autor presenta en la novela, de modo generoso, el valioso recurso de lo que supone recuperar la palabra, recuperarse como sujeto para poder seguir adelante en la vida.

En Surviving Anne se hacen presentes los caminos que puede encontrar el dolor cuando por medio hay un psicoanalista sin otra herramienta, sin otro recurso, que la palabra, el recurso más poderoso del mundo, como decía George Steiner. Y así lo expone el narrador-autor:"Los hombres saben hacer grandes cosas con las palabras. Con palabras nos adormecieron, con palabras nos despertaron, con palabras nos llevaron lejos". Anne es una sobreviviente, porque además hay un psicoanalista que, a través de su escucha, se dispone a que la vida triunfe en sus pacientes y cambie por el advenimiento de un porvenir distinto, pero no sin antes hacerles saber su responsabilidad: "El mérito es suyo. Hay muchas clases de personas. Algunas retroceden de inmediato ante las dificultades, pero usted decidió avanzar. Por eso, creo que es algo más que una superviviente".

La originalidad de esta novela coloca a la literatura no como entretenimiento sino como intención crítica del hombre, de la sociedad y del ejercicio psicoanalítico. De este modo lo expone el narrador-psicoanalista: "Lamentablemente, yo carezco de toda sabiduría sobre la vida. A mi edad, todavía sigo sin entender por qué la vida es tan endiabladamente compleja, y por qué motivo estamos condenados a una infelicidad incurable. Por eso envidio a mis colegas, porque en el fondo no tienen el ingrato trabajo que a mí me toca, que es el de reconciliar a todos los que escucho con la idea de que no tengo ninguna solución para nadie, y que solo puedo ofrecerles mis servicios de recolector de residuos, que es otra forma de explicar a qué me dedico. […] Siempre he creído que el hombre tiene que aprender a vivir mejor con su propia basura".

Articulados en el sentimiento de pertenencia a un mundo que carece de garantías estables, los personajes son testigos singulares del quehacer psicoanalítico del narrador-autor: "A lo sumo les enseño a mantenerse a flote en la incierta tempestad de cada día". En ese sentido, al igual que Freud, sabe que no hay nada programado para la felicidad del hombre. Y en consonancia, Anne cumple con sensibilidad la labor de transmitirnos los padecimientos subjetivos heredados, el pesar que se traslada de generación en generación. El narrador-autor nos enseña, con humildad, que el desconsuelo hace parte de la condición humana, algo que ya describieron con genial maestría los autores de la tragedia clásica y que la ciencia actual se empeña en ocultar y negar. No por casualidad, el narrador-autor recupera la metáfora del naufragio: "Anne es un náufrago aferrado a unos pocos restos. Se trata de conseguir que siga a flote, y que esos restos aguanten hasta que alcance alguna orilla".

Con maestría y generosidad a raudales, el narrador-autor nos cuenta de su experiencia, sus desvelos, sus incertidumbres, cuando se ofrece a acoger el dolor humano sin reservas de ningún tipo, sin manuales, sin horarios. "Llamar al psicoanálisis 'un experimento con la incertidumbre' me parecía un hallazgo", dice el narrador-autor. El psicoanalista es el personaje en el que los personajes se apoyan, con quien comparten la aflicción del presente y los recuerdos de la vida dejada atrás. Vaivén de tiempos y relatos en un ir y venir del tiempo entre la anticipación y la vuelta atrás. Esta novela es la reconstrucción de un pasado personal y colectivo.

Surviving Anne, a través del autor, nos devela qué supone interrogarse sobre la vida. El narrador acoge una segunda generación de sobrevivientes de la Shoá, y así lo expone refiriéndose a Anne: "Era una superviviente, y me había dado a mí el privilegio de poder ayudarla a recobrar sus fuerzas". Anne cuenta su historia marcada por una madre que si bien fue liberada del campo de concentración, su historia no termina en el momento de la liberación: vive presa de las imágenes del horror y no logra volver al mundo de los vivos y sobrevivir a semejante atrocidad. Esta novela es un importante legado de cómo el acontecimiento de la Shoá marca la vida de los descendientes de sobrevivientes, la de sus hijos y la de tantos otros. Surviving Anne es una original y valiosa enseñanza de su autor, Gustavo Dessal, que obsequia a las generaciones de ahora y del futuro; es la enseñanza de un psicoanalista que se deja atravesar por la incertidumbre. Refiriéndose a Anne dice: "Me amenazaba con el puño cerrado, no a mí, por supuesto, sino a lo que yo representaba en ese instante: toda la injusticia del mundo que ella debía enfrentar cada día, un mundo en el que no tenía cabida, que la expulsaba una y otra vez, un mundo donde le era imposible encontrar misericordia".

Estas son algunas de las vivencias del sufrimiento que el narrador nos cuenta sobre Anne y de cómo las consecuencias de la experiencia concentracionaria se han trasladado a los siguientes familiares. De su infancia recuerda: "mi casa era eso, un funeral eterno en el que se velaba sin descanso a seres desaparecidos y que al mismo tiempo no se podían nombrar. Los desaparecidos retornaban casi todas las noches, y era lógico que lo hicieran, porque seguían reclamando una y otra vez una explicación para lo que les habían hecho. Y aunque no había conocido a ninguno de esos desdichados, era inevitable sentir que yo había nacido deforme, puesto que me faltaba algo. A mí también me habían privado de una parte de mi vida".

Ahora bien, en el relato, como en la vida, hay un contrapunto. El Dr. Rubashkin es ese contraste que enriquece el relato, es esa otra voz distinta que completa al narrador, es el sabio Maestro que le abrió cauces para orientar a los personajes hacia la vida. Así lo expresa: "el doctor Rubashkin me enseñó el verdadero significado de 'tomarse en serio la existencia', como solía repetir citando una frase que su maestro Lacan había dicho en una ocasión. Tomarse en serio la existencia implica hacerse cargo de lo que solemos acusar a los otros, renunciar al vergonzoso placer de imaginarnos víctimas, reconocernos en las con-secuencias de aquello que hemos decidido, o incluso de lo que no hemos decidido. […] Los que tuvimos la fortuna de aprovechar su enseñanza, aprendimos una lección que nos valió para el resto de nuestra vida: no dar nada por sobreentendido, desconfiar de nuestros prejuicios, ir siempre un paso por detrás del paciente, no ceder a la tentación de convertirlo a nuestra imagen y semejanza, respetar la locura, respetarla hasta el extremo de reconocer en ella, incluso en la más extravagante y descompuesta, una fuente de sabiduría por la que siempre vale la pena dejarse educar".

Libro difícil de clasificar, intenso, disfrutable, es una novela preciosa, sumamente conmovedora: Surviving Anne es dolorosamente lúcida. Me pregunto si los que tenemos la dicha de ser sus lectores somos capaces de tanta humanidad. Hay tanta luz, tanta pena, tanta sabiduría -de experiencia autobiográfica- en su mezcla de realidad y ficción, reunidas en esta novela, que bien vale recorrer sus páginas y buscarnos en las palabras del narrador-autor, ya que "son de mejor pronóstico los derrotados, los débiles, los que admiten su fracaso, porque al menos tienen el coraje de preguntarse a sí mismos la razón de ese conjunto de acciones insensatas que componen su vida". Esta sola apuesta bien vale para recomendar su lectura.

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